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Entre el no y la rebeldía.

Se fue un año que sin lugar a dudas será un hito en la historiografía universal.

En perspectiva, cuando se observe y analice el 2016 seguramente se establecerá como principio o como fin, vaya uno a saber, de alguna etapa de nuestra rica, variada y conmocionada historia.

Sostener esto no implica ni un desvarío, ni un deseo caprichoso, ni un velado juego de azar, es solo aventurar pronósticos teniendo a la mano ciertos datos de la realidad que a la postre nos permiten inferir que fuimos observadores privilegiados de un año esencialmente diferente.

Fue un año donde hubo un notorio clic, donde sociedades enteras dijeron NO, basta al statu quo, fin a un modo de vida, a una política preestablecida, a una manera de ver las cosas.

Fue un año donde la rebeldía le gano a la comodidad de lo habitual.

Fue un año donde la hipocresía dijo “hasta aquí llegué” y comenzamos a desandar el camino de la verdad sin medias tintas.

Fue un año donde hubo partidas que serán difíciles de suplir, pero fundamentalmente serán un no retorno a una etapa superada. Se han cerrado puertas y ventanas, el pasado bueno o malo, se dejo atrás y un nuevo camino se emprende.

Así es la vida normal del ser humano. Todo tiene remedio dicen los que saben, menos la muerte y ésta se encarama sobre personas, ideas, modismos, cosas, la vida está en continuo movimiento, es un volver a empezar permanente.

AÑO DIFERENTE

En este peregrinar que es la vida en comunidad, el 2016 fue un año fundamentalmente rupturista, como si la sociedad hastiada de las clases dirigentes se hubiera puesto de acuerdo en varios lugares al mismo tiempo para decir “hasta aquí fue suficiente, ahora a barajar y dar de nuevo, comencemos una nueva partida”.