Policiales

Calles inseguras

Santiago del Estero dejó de ser ese lugar calmo en el que vivieron nuestros padres y abuelos. Pese a la gran cantidad de uniformes azules, y pecheras naranjas, que custodian la ciudad, las calles se volvieron inseguras. Ya no es posible caminar con tranquilidad, sin darse vuelta atrás, temiendo que alguien te arrebate la cartera o el celular. Los delincuentes están a la vuelta de la esquina, acechando, buscando la oportunidad paraconseguir un botín, no importa cuál sea, ni mucho menos el valor afectivo que pudiera tener.

¿Acaso no se perdieron las primeras fotos del bebé en un celular robado en una esquina cualquiera? ¿Quién no lloró ante la impotencia de ver que sus documentos recién obtenidos, con todos los trámites burocrácticos que ello significa, se desvanecieron en las manos de un motochorro, oculto detrás de un casco imposible de identificar?

Pese a la insistencia por conocer datos certeros de la cantidad de robos y asaltos cometidos en la provincia es una tarea prácticamente imposible. Ni desde los organismos policiales, ni mucho menos los judiciales, se conocen números precisos de esta realidad.

Sin embargo, un alto jefe policial de la Comisaría 1°, en pleno centro capitalino, contó que durante épocas precisas, tales como las fiestas de fin de año, o las vísperas del festejo de Mailín, en la zona caliente de la Madre de Ciudades -entiéndase microcentro y lugares donde hasta hace unos meses atrás funcionaban las paradas del transporte público de pasajeros- se robaron más de 50 celulares por día. La mayoría de los artefactos fue arrebatado a adolescentes que se arremolinaban para ascender a los colectivos.

El funcionario, que rogó resguardar su identidad, admitió que se trata de bandas de hombres y mujeres que, en grupos de 3 personas, rodean a su víctima y le sustraen el teléfono. Los mismos que luego se trasladarían a la festividad religiosa, en el corazón espiritual de la provincia, para repetir su accionar violento, con similar modus operandi, cobijados entre la multitud. Pueden parecer hechos aislados, sin conexión uno del otro, pero son un claro ejemplo de la inseguridad.En forma permanente, escuchamos noticias de robos en distintos barrios de la ciudad. Robos simples, comunes, de elementos que hacen a la vida diaria, como televisores, garrafas, lavarropas y todo aquello que los delincuentes puedan cargar consigo. Elementos que luego se venderán por un valor ínfimo, incluso a través de las redes sociales.