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La verdadera grieta, el daño cultural

“Solo la verdad os hará libres”, pre¬gona el Evangelio, pero muchos toda¬vía no encontramos la forma de hacer¬las nuestras, que nuestras palabras sean verdaderamente libres.
Nos quedamos inmovilizados con anécdotas y cuestiones sin mayor trascendencia, agigantamos proble¬mas inexistentes y le otorgamos ma¬yor entidad a palabras o hechos que por sí solos y vistos en perspectiva, no tienen razón de preocupación alguna.

Somos al fin esclavos de un pen¬samiento retrógrado, encapsulado y sumamente perverso por que en su ser subyace un profundo autoritaris¬mo mental.

Decía el escritor británico George Orwell que “La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír” y le agregaría lo que la gente tampoco quiere ver y fundamentalmente com-prender.

Hoy estamos más preocupados en analizar la política, en tratar de lograr escudriñar cuales son las trampas, los cepos que se encuentran agaza¬pados para incomodar el estado de la Nación. Pensamos que son resor¬tes diseminados en el entramado pú¬blico o decisiones económicas que se han desparramado por todos los nive¬les de la producción y el comercio. Pa¬labras como grieta y bomba son parte del nuevo vocabulario político argenti¬no, pero nadie todavía advirtió que el problema que debemos enfrentar ya no solo es político ni económico, es cultural.

Fueron y todavía son años de oscu¬rantismo cultural, de engañarnos con frases hechas, de hacer men¬ción a derechos y garan¬tías, pero sin lograr com¬prender cada derecho y cada garantía, de ge¬nerar un estado de si¬tuación donde pensar “diferente” era sinóni¬mo de autoritarismo, de fascismo, de intole¬rancia.