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No daba para más

Creían que tenían el partido controlado, como si hubieran secuestrado la pelota, la tenían bajo la sue¬la, nos la mostraban pero no la prestaban.

Sabían que al primer momento de contar con ella el partido sería diferente, por ello hacían jueguito, casi mofándose de nosotros.

Nuestra bronca aumentaba día a día, ¿Cómo podía ser tanto desprecio a compartir las mieles del triunfo? ¿Por qué se empeñaban en arruinarnos la fiesta?

No fue fácil luego de meses de ausencia, con los dientes apretados, como juntando rabia incontenible, pudimos zafar de un ahogo que no nos permitía salir de nuestra área, nos tenían controlados, pero no podía ser para siempre, y así fue.

Como sin darnos cuenta el suplicio llegó a su fin y de golpe ya no hubo necesidad de buscar reparo en cuestiones lejanas que sonaban a cuentagotas, como una aspirina para una grave infección.

Por fin llegamos al final de un ciclo, no más Copa América, no más Juegos Olímpi¬cos, fueron aperitivos, pero no nos llenaban.

Para colmo ellas se empecinaban en aumentar nuestra desazón y hora tras hora debíamos agachar la cabeza tras una telenovela turca, brasilera o mexicana, y por ahí alguna que otra argentina. Ellas decían que era de amor, pero la verdad daba ganas de llorar.

FINAL DEL SUPLICIO
Pero nunca cejamos en nuestra lucha de conseguir librarnos de este maleficio casi eterno, por fin pudimos hacernos de la pelota, se la sacamos a las brujas.
Ahora volvía a ser nuestro tiempo, ya no nos importaba si había algún “amor prohibido”, ni si estaban “educando a Nina” o si “los ricos no piden permiso”.
Ni nos interesa si la hay alguna “esposa joven” ni menos ser un enigmático religioso con “Moisés y los diez mandamientos”.