Nota de Tapa

La píldora del aborto

La polémica por la “pas¬tilla del día después” dejó al descubierto una realidad inocultable: el alto índice de abortos farmacológicos. La voz autorizada de los espe¬cialistas. Una práctica que fa¬cilita la interrupción de emba¬razos no deseados y aumenta en Santiago del Estero.

Ella tenía 34 años. Estaba casada desde hace más de una década. Juntos tenían 3 hijos hermosos, con quienes vivían en un barrio del sur de esta ciudad. Sin embargo, la vida no era color de rosas para la familia. La difícil situación económica por la que atravesaban hacía cada vez más difí¬cil mantener a los niños. Su educación se hacía cada vez más onerosa. Como podían, ambos se las ingeniaban para juntar moneda por moneda, para lo¬grar que ellos tengan un futuro mejor. Nada los preocupaba más que brindar¬les la esperanza de un mañana distin¬to. Sin embargo, pese a todos los avata¬res y fluctuaciones financieras, eran fe¬lices. Les faltaban muchas cosas, pero les sobraba amor.

El día que se enteró que estaba nue¬vamente embarazada cayó en una pro¬funda tristeza. Le hubiese encantado volver a ser madre, pero era consciente que no tenía los medios suficientes co¬mo para mantenerlo. Se la hacía impo¬sible pensar en una boca más para ali-mentar. Cuando le contó la novedad a su esposo, a éste le sucedió algo pare¬cido. Aunque les doliera en el alma, no podían tener otro hijo. La única sali¬da que encontraron fue interrumpir el embarazo.

Una vecina les contó de una parte¬ra en la ciudad de La Banda que podría realizar el aborto, a cambio de una de¬terminada suma de dinero. Como pu¬dieron, lograron reunir el monto exigi-do y fueron de la mano hacia una hu¬milde vivienda donde la mujer, junto a un enfermero profesional, comenzó la tarea. Previamente, el enfermero le ha¬bía dado un par de pastillas para dila¬tar su útero.

Con un terrible dolor físico a cues¬tas, pero no mayor al dolor que estru¬jaba su alma, regresó a su hogar. A su lado, como siempre, estaba su marido sosteniéndole la mano, sin emitir una palabra.

Le habían asegurado que la recuperación total vendría en las próximas horas, sin embargo, el re¬loj fue corriendo y su esta¬do de salud empeoraba ca¬da vez más. 48 horas des¬pués, cuando las hemorra¬gias estaban fuera de con¬trol, y la fiebre no cesaba de ninguna manera, él la tomó entre sus brazos y la llevó hasta el hospital Re¬gional.