Nota de Tapa

El fallo de la polémica

A pesar de haber sido condenado a perpetua por el crimen de su ex pareja, podría quedar en libertad en pocos años, por un cambio de calificativa. Los argumentos de los jueces que redujeron la pena. Las razones del único camarista que votó en disidencia, fundamentando el ensañamiento. Un fallo polémico que reabre la discusión sobre el rol de la justicia en casos de violencia de género.


Johana Elizabeth Córdoba tenía 15 años cuando se enamoró de Marcelo Gabriel Iñiguez. Al poco tiempo quedó embarazada y fue a vivir a la casa de los padres de Iñiguez, mientras soñaba con un techo propio donde formar su hogar. Sus amigas contaron que, con la excusa de estar agobiado por la falta de trabajo, durante una discusión, él le pegó una cachetada, estando ella casi a punto de dar a luz. Luego se mostró arrepentido y le pidió perdón.

Las escasas posibilidades de trabajo en la zona de Beltrán, donde ambos vivían, y la búsqueda de nuevas oportunidades hicieron que la pareja y su hija recién nacida se trasladasen a Buenos Aires. Pero allá las cosas no fueron mejor.

Los golpes llegaban en forma diaria, sin motivos y con demasiadas excusas, como que no encontraba trabajo, que no tenía para la comida, que el bebé lloraba o, simplemente, porque estaba cansado.

En agosto de 2011, luego de una brutal golpiza, en la que su cuerpo quedó horriblemente marcado por las feroces patadas y trompadas recibidas, Johana decidió que no soportaría ese sufrimiento y se iría del lado de Iñiguez.

Pese a que él le juró que no volvería a golpearla y que le prometió días felices, la jovencita regresó a su hogar paterno, en el paraje La Florida, a pocos kilómetros de Beltrán, donde fue cobijada con mucho amor y cariño.

Cada vez que Iñiguez llegaba a visitar a su pequeño hija se producían fuertes escenas de violencia. A él no le importaba quién estaba en la casa, sin miramientos, la golpeaba una y otra vez.
Más de una vez estuvo en la comisaría de la zona, por causas relacionadas con amenazas y lesiones proferidas a sus vecinos y gente de la zona, a quien también tenía aterrorizada. No obstante, Johana nunca lo había denunciado. Él le habría dicho que si lo hacía la mataría.

La familia Córdoba no entendía cómo hacía él para enterarse cada vez que Johana salía del hogar; sin embargo, pronto se dio cuenta que era un vecino quien le pasaba el dato al Iñiguez. Por ello, la muchacha trataba de salir acompañada; si no lo hacía, era bastante probable que él la interceptaría en el camino y volvía a golpearla.