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Ídolo con pies de barro

La síntesis de la Cuba revolucionaria de Fidel al Dubai de los petrodólares y los excesos megalómanos solo tiene un puente de unión y se llama Diego Armando Maradona.

Nuestro ídolo futbolero por excelencia es un cúmulo de contrariedades consigo mismo.

Con los pies era maravilloso y se gano la DIEZ para siempre, con la lengua y su conducta tiene un reprobado permanente.

Hijos por doquier, desconocidos y ninguneados por años y luego reconocidos y amados.

Hijos adorados y que nadie se meta con las “nenas” para luego poner una muralla y dejarlas de hablar y de endulzarles los oídos y los bolsillos.

La Claudia era maravillosa, la Claudia es una ladrona.

Lo vimos drogarse, lo seguimos viendo tartamudear por la ingesta de alcohol de forma desmesurada, lo vemos subirse en un estado calamitoso a un auto y nadie se atreve a decirle ¡no manejes!, ¡no estás en condiciones!

La policía y la justicia ven todo esto en directo por la televisión pero son unos espectadores más, nadie hace nada, por él y por terceros que pueden ser víctimas inocentes de una malsana idolatría que lo hace “intocable” casi como un “semidios”.

Se posiciona como un erudito, un sabelotodo, filosofa sobre la vida, la política, la sociedad, el mundo, el deporte, la cultura. De todo, aunque diga disparates.