Entrevistas

Haydeé Wagner de Costas: “Es más divertido enseñar a leer y escribir través del dibujo”

La hija del mítico Emilio Wagner cuenta cómo logró crear el método ideográfico, fonético y silábico, que logró perfeccionar a través de su larga experiencia como docente.

Una metodología digna de reconocer.

El paso de los años la obligó a caminar lento, pero no le quitó la lucidez. Con sus 91 años a cuesta, Haydeé Wagner de Costas conversa con fluidez y recuerda al detalle cada minuto de su vida. Ella es heredera de un apellido ligado a la historia misma de Santiago del Estero. Es hija del francés Emilio Roger Wagner, aquél antropólogo y naturalista quien, junto a su hermano Duncan, realizaron importantísimos hallazgos arqueológicos en Santiago del Estero, a principios del siglo XX, y que eligieron esta tierra como su lugar en el mundo. Sin embargo, esta vez, la protagonista es ella misma, no su padre, tampoco su tío.

Haydeé es la creadora de un método ideográfico, fonético y silábico de lecto-escritura, que logró perfeccionar a través de su larga experiencia como docente. Un método que le valió distintos reconocimientos y homenajes, como el “Premio Anual Ricardo Rojas a la Docencia”, el “Reconocimiento a la Trayectoria Literaria”, o el “León de Honor al Mérito Docente”, entre otros muchos.

En una larga charla, recuerda su primer contacto con la escuela y cómo logró articular un novedoso método, que permite que los niños aprendan a leer y escribir en el menor tiempo posible. Una mujer con historia.

-¿Cómo se vincula con la docencia?

-Yo vivía en la finca de mi padre, Emilio Roger Wagner, a cuatro kilómetros de Icaño. Los estudios primarios los alterné entre Icaño y el hogar familiar debido a la enfermedad de su madre, Eladia Gonzales a quien perdí a muy temprana edad. Ingresé a la escuela Normal del Centenario para realizar los estudios secundarios, donde me recibí como maestra Normal Provincial en 1944. Ya recibida quería seguir los estudios en el profesorado de Historia y Geografía en Santiago del Estero, pero no era posible ya que papá no quiso enviarme a Tucumán, porque temía no volver a verme, dada su avanzada edad y su precario estado de salud. De manera que inicié el trabajo docente casi de inmediato, en una escuelita de la campaña. Papá falleció ese mismo año, en 1949. En aquellos tiempos vivía con mi tía, viuda del tío Duncan Wagner, ya mayor de 80 años, como único familiar cercano.