Nota de Tapa

A una década del horror

El 17 de marzo de 2007 una historia trágica conmovía a los santiagueños. Con la excusa de los celos, José “Pichi” de Yebra Uñates asesinó a su novia y a los padres de la joven, todos integrantes de una de las familias más poderosas de la provincia. El día que la sangre se adueñó de la mansión.
La tranquilidad y la calma eran los sinónimos con los que mejor se describía a Santiago del Estero hace una década atrás. A pesar de que esta tierra fue vapuleada con los crímenes de Leyla Bshier y Patricia Villalba, los anales de la página negra local no guardan en su memoria el recuerdo de crímenes familiares que involucraran a varios integrantes. Nadie imaginaba que una masacre familiar podría ocurrir en esta provincia, al menos hasta la mañana del 17 de marzo de 2007, cuando la natural serenidad se transformó en sangre y horror.
Y no fue cualquier hecho. Los santiagueños desayunaron con la noticia de las trágicas muertes del empresario Carlos Curi (73), su hija Ana Carolina (25) y las gravísimas heridas que sufriera su esposa, Marcelina del Carmen Visgarra de Curi (54), y que el presunto autor de tales barbaries no había sido otro que el novio de la joven, José de Yebra Uñates.

Casi en un abrir y cerrar de ojos, la tragedia fue corriendo entre los santiagueños que esperaban ansiosos cualquier tipo de noticias sobre el hecho. No en vano se agotaron las tiradas de los medios escritos locales, donde el poder, el dinero, el amor y los celos eran sus condimentos principales. El “morbo” de toda la sociedad exigía conocer más y más. Todos querían saber detalles. Las charlas de café tenían como común denominador al tema. El caso despertaba un sentimiento de atracción inocultable, a pesar de la crueldad misma de los hechos que lo rodeaban, que concluyó el 26 de abril de 2007, con la muerte de Marcelina de Curi.

LA HISTORIA

Eran las 6.25 de la madrugada del día 17 de marzo del año 2007. En ese momento un móvil del Comando radioeléctrico realizaba una patrulla habitual en la Avenida Belgrano (s), entre Pedro León Gallo y Congreso, cuando les salió al cruce una mujer visiblemente desesperada, quien dijo ser empleada de la familia Curi, y que en esa vivienda había ocurrido una verdadera masacre.

Les pidió que entren en la vivienda con el número 733, y al ingresar los policías enfrenaron un panorama poco menos que aterrador. En el primer piso se encontraba Marcelina Visgarra, con innumerables heridas, quien habría alcanzado a balbucear que “fue Pichi, el novio de mi hija”. La mujer fue rápidamente derivada al Hospital Regional.

En el jardín de la casa encontraron una persona muerta: Carolina Curi.

Carlos Curi fue hallado por los primeros policías que ingresaron a la vivienda, cabo primero Raúl Zerpa y el agente Hugo Zenatti, sentado en el primer escalón y apoyado en la escalera, con numerosas heridas de arma blanca, las que instantes después también le provocaron la muerte. Los uniformados no sabían si el autor del salvaje ataque estaba o no aún en el interior de la casa.

De pronto, los guardianes del orden advirtieron la presencia de una persona en la planta alta de la casa, más precisamente en el interior de uno de los dormitorios. Desenfundaron sus armas reglamentarias, porque además los ruidos de las pisadas y la luz encendida eran claros indicios de que muy probablemente esa persona sería el autor del acuchillamiento del matrimonio Curi y quien ahorcó a la hija.