Nota de Tapa

El rebelde de Monte Longdon

A 35 años de la guerra de Malvinas, el Teniente Coronel (R) Hugo Quiroga cuenta detalles exclusivos de la batalla de Monte Longdon, el último foco de la resistencia argentina en Malvinas. Los 14 santiagueños que dejaron sus vidas en las islas. Un informe de una herida que no cerrará jamás.

Muchos son los kilómetros que separan a Santiago del Estero de las Islas Malvinas, alrededor de 4.000. Sin embargo, durante el conflicto armado con Gran Bretaña por la posesión de ese suelo irredento, casi dos centenares de hombres partieron desde esta tierra hacia el lugar, catorce de los cuales dejaron su último aliento allí.

Ellos son aquellos chicos de la guerra. Ellos son esos locos de la guerra, como alguien los describió alguna vez, y cargan consi­go ese estigma tan fuerte del que aún no pueden desligarse. No son chicos. No son locos. Son los veteranos de guerra. Son nues­tros héroes de Malvinas.Aquellos 14 santiagueños que murieron en Malvinas son prácticamente, y en muchas ocasiones, algo así como ilustres desconocidos, salvo para su familia que los recuerda y los guarda en su memoria. Sin embargo, sus nombres están escritos en el historial de las tres fuerzas a las que pertenecieron. Se cumplieron 35 años del desembarco argentino en ese pedazo de tierra y todo el país recordó el episodio y se llevaron a cabo, como ocurre tradicionalmente, distintos homenajes en honor de todos aquellos que combatieron.

De esos 14 héroes de guerra santiagueños, prácticamente olvidados durante mucho tiempo, 1 pertenecía el Ejército, 2 a la Fuerza Aérea y el resto al Ejército Argentino. Además, 2 de ellos eran hermanos y fallecieron –junto a otros 5- durante el hundimiento del Crucero Ara General Belgrano. Otros 2 perdieron la vida en combate aéreo y los 5 restantes en combate en tierra.

Frío, hambre, soledad y muerte son los sinónimos perfectos que describen a aquella gesta que significara la Guerra de Malvinas, iniciada un 2 de abril de 1982, hace ya 35 años. Aunque el tiempo fue transcurriendo de manera inexorable, y llevando consigo todo el paso de aquellos años, la memoria mantiene intactos los recuerdos de quienes dejaron de ser “chicos” para convertirse en verdaderos hombres, a costo de su arrojo y valentía. Las crudas cifras hablan de 649 personas caídas en Malvinas, 14 de los cuales eran santiagueños. Pero las estadísticas se olvidan de los otros 500 que fueron víctimas de la post guerra, y terminaron suicidándose. Ellos no conforman el listado de los héroes, aunque padecieron y murieron con la mirada perdida en las gélidas tierras de unas islas perdidas casi en el abismo del continente.

SANTIAGUEÑOS

Santiago del Estero cuenta con 160 veteranos de guerra. Veteranos que tienen entre 54 años y 56, pero que cargan consigo toda una mochila de recuerdos de noches eternas, sólo iluminadas por el resplandor de las bombas, de compañeros muertos en batallas desiguales, de actos heroicos de sobrevivientes y muertos en acción. Y esa herida lacerante que llevan en su alma se confunde con el dolor de las madres que despidieron a sus hijos con lágrimas y, luego, con llantos desgarradores, recibieron medallas recordatorias y banderas argentinas en lugar de aquellos muchachos que descansan eternamente debajo de unas cruces blancas sobre las que nunca podrán depositar flores. “Malvinas es un recuerdo permanente. Lo que pasamos, lo que vivimos, no lo vamos a olvidar nunca”, repiten los veteranos mientras sus palabras se las lleva el viento y se confunde con el nombre de las 649 cruces que esperan en las islas. La mayoría de los cuerpos de los 14 santiagueños que forman parte de esa lista fatídica descansa en el cementerio argentino de las islas, bajo una lápida que dice: “Aquí yace un soldado argentino sólo conocido por Dios”. A otros se los tragó el mar.