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Tiempo de relax

Cada vez que uno tiene oportunidad de disfrutar de unos días de solaz y esparcimiento me encuentro con esas preguntas que poco y nada pueden responder los interrogantes de la vida.

Salir del ajetreo cotidiano nos enfrenta con otras realidades, con otras cuestiones que nos resultan difíciles de asimilar.

En estas situaciones donde la vida nos da un descanso de unos pocos días, la posibilidad de hacer turismo es connatural a nosotros, y entonces tomar los petates, hacer las valijas, programar un viaje placentero se vuelve un objetivo primordial.

Cargamos todo en el auto, portaequipaje y baúl al tope, heladerita, parrillita, todo listo para salir a escaparle a la monotonía del día a día, del trabajo que nos agobia, del jefe que nos presiona, de los compañeros que toleramos simpáticos con una risa a medias y una mueca de desprecio oculta tras la osadía de una mirada cómplice.

Uno esta cansado de ese despertar diario con el reloj que nos atormenta con su campanilla sonora, con esas mañanas somnolientas donde ni un mate ni un café ni un té caliente nos despabila.

Son esas mañanas que nos tropezamos con los muebles para vestirnos prontamente para no llegar tarde a la oficina, la fábrica o el comercio, donde el desayuno se vuelve tedioso y donde despertar a los chicos para que vayan a la escuela es un suplicio de llantos y rezongos.

Pero todo eso se deja de lado cada vez que tenemos oportunidad de salir unos días para despejar cuerpo y espíritu, donde disfrutar del aire puro, la montaña, el campo, las sierras, otras ciudades.