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Nada es más simple

El cantautor uruguayo Jorge Drexler nos deleita con su “nada es más simple, no hay otra norma: nada se pierde, todo se transforma”, pero pareciera que su letra también envuelve de manera cálida y presuntuosa las lides futbolísticas de allende los mares en Suiza y, por aquí cerca, en mi Buenos Aires querido.

Quién se fue en cuerpo, no lo hizo en espíritu, porque el mismo sigue aleteando alrededor nuestro, portaba en su mano un anillo que era todo un símbolo “todo pasa”, y va de suyo, que todo pasa en el mundo de la pelota, pero nada bueno parece ser.

Pensábamos que había habido una depuración moral y judicial tanto en la FIFA como en la AFA, pero todo fue un espejismo. Es muy simple, nada se pierde y, por tanto, todo se transforma a favor de los mismos pliegues rugosos de lo escabroso y dudoso.

Blatter y un montón de dirigentes cayeron al influjo de una investigación judicial donde retornos, enjuagues, negocios ficticios, contratos millonarios, manipulación de torneos y partidos y un sinnúmero de trapisondas futboleras, rompió con esa patraña del Fair Play mientras por debajo había un manojo de irregularidades sin límites ni fronteras.

Don Julio era nuestro representante vernáculo, pero no era uno más, no era una figura decorativa, era en si mismo el alter ego de la figura que ponía la cara, pero el resto lo hacía el ferretero “humilde”, el impoluto dirigente que de la nada forjó un imperio de poder y codicia.

Ya no estaban ni Blatter, ni Grondona, y todos pensamos que algo nuevo renacería de las cenizas de un deporte que mueve millonadas y apasiona a multitudes.

Ilusos. Nos creímos que por el cambio de figuritas todo sería distinto, ¡qué ingenuos!, ¡qué incrédulos!, nos engañaron como a niños, hoy todavía sigue latente el espíritu perverso de quienes se fueron y le hicieron tanto daño a un deporte y un simple juego como el fútbol.

Nada es más simple, no hay otra norma, nada se pierde, todo se transforma pero sólo en apariencia, cambian los nombres, las formas, los métodos, se cuidan de mostrar seriedad, quieren mostrar que son diferentes, pero la pelusa que se les cae los delata, siguen siendo lo mismo, pero ahora no portan los apellidos ni de Blatter ni de Grondona.

Cómo se les puede creer si los desaguisados siguen amontonándose como siempre.