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¿Periodismo militante o suplicante?

Duele observar compañeros de profesión que, por defender una ideología, se manchan de deshonestidad intelectual y hacen papelones más propios de payasos circenses que de profesionales de la comunicación.

Todos sin excepción tenemos nuestro corazoncito posicionado en alguna de las veredas ideológicas, del mismo modo que los periodistas deportivos tienen amor por una camiseta.

Pero cuando uno trabaja comentando, informando, analizando una noticia, un hecho, un personaje, lo debe hacer desde la más equilibrada formación ética. No hacerlo es un desmedro para una profesión que requiere de mucha prudencia como de pasión por la libertad de pensamiento y expresión.

Hay cosas que, de tan evidentes y manifiestas, no se pueden disfrazar ni ocultar.

Resulta indignante y poco profesional que algunos periodistas, movidos sólo por su ideologismo militante, no informen de manera objetiva y neutral y realicen la apología muchas veces de lo irrazonable, lo ilógico o incluso de lo ilícito.

En esta categoría de periodistas militantes nos encontramos con algunos que son verdaderos maestros de la palabra y el conocimiento, aquellos que mientras mantuvieron la equidistancia necesaria con una idea o una persona, eran respetados por todos, sin excepción.

También es cierto que hay muchos periodistas que, como contorsionistas, dieron triples saltos mortales y lo que antes defendían, alentaban o se regodeaban de pertenecer, hayan mutado de forma tal que no se los pueda reconocer como aquellos de otras épocas tan diferentes.