Politica

Las coimas abiertas de América Latina

Si diseccionáramos al cuerpo social de nuestra América Latina nos encontraríamos con que todo su torrente sanguíneo se encuentra corrompido por un virus endémico: la corrupción.

Corrupción que se emparenta con subdesarrollo, pobreza, muerte e impunidad.

Una misma matriz cruza, de norte a sur y de oeste a este, las estructuras de poder de casi todos los gobiernos latinoamericanos, los que se encuentran cooptados por la corruptela funcional que, de un modo manifiesto, entorpece cualquier avance de la sociedad civil.

Panamá Papers, Lava Jato, Odebrecht no son sólo nombres donde repercuten los más escandalosos casos de corrupción en los que se encuentran involucrados gobiernos de toda la región, son también la punta del iceberg que delata que debajo de la superficie todavía hay mucho más por descubrir y lamentar.

El francés Joseph Fouché enseñaba que “Todo hombre tiene su precio, lo que hace falta es saber cuál es”. Funcionarios venales, empresarios dadivosos, jueces y fiscales autistas eran el complemento ideal para este estado de situación donde se institucionalizaba el soborno sin ningún tapujo ni reprimenda. A tal punto que, en cada elección de cualquier país de la región, la corrupción no era un tema de debate. Pero eso, poco a poco, va alejándose de ser una verdad revelada.

Es harto elocuente que la corrupción se enseñoreó en todas partes. Que, salvo honradísimas excepciones, funcionarios que se ufanaban de ser honestos terminan siendo arrastrados por las denuncias que se van acumulando en los estrados judiciales y, uno a uno, deben dar sus explicaciones ante magistrados que, a su vez, le pierden el miedo a los poderosos de turno y los combaten desde la legalidad tribunalicia.

Dilma Rousseff y Luiz Inácio Lula da Silva deben soportar, junto a muchos de sus ex funcionarios, la investigación judicial que el juez Sergio Moro a cargo de “Lava Jato” emprendió para develar los entramados de corrupción que unían a empresarios y funcionarios.