Nota de Tapa

Justicia para pobres y ricos


El denominado “Rey de La Salada”, Jorge Castillo, fue detenido por evadir al fisco con la comercialización de mercadería ilegal. Distinta suerte corre el empresario patagónico Cristóbal López que goza de libertad a pesar de no haber abonado $8.000 millones por el impuesto a los combustibles. Dos realidades contrapuestas.


Cuanto más miramos a nuestro alrededor resulta más plausible sostener que reina la injusticia y flaquean las virtudes.

De entre todas las virtudes sobresale la justicia, ya lo decía el gran Libertador Simón Bolivar, “la Justicia es la reina de las virtudes republicanas y con ella se sostiene la igualdad y la libertad”.

Lamentablemente, no podemos afirmar que vivamos en una sociedad justa. Por el contrario, a cada paso que damos encontramos una nueva forma de injusticia, donde la igualdad cae en saco roto y la libertad, para muchos, es una mera quimera.
En estos últimos tiempos hemos observado que el motor del Estado se accionó de forma abrupta y, lo que antes se permitía a media voz y siempre con la mirada esquiva, hoy no se admite ni el menor respingo de ilegalidad. Pero en ese camino del deber ser legal y su conjunción con el entorno social, laboral y cultural, encontramos muchas aristas y, por cierto, muchos atajos.

Nuestra economía es el reflejo de una sociedad que elude los controles y admite lo ilegal. Es un ejercicio normal y habitual el intentarse colarse, saltearse las filas, sacar ventajas aún en las pequeñas cosas cotidianas.

Nos adelantamos en los semáforos, nos colgamos del cable o de la luz, hacemos el juego del solitario engañándonos a nosotros mismos. Todos, alguna vez, nos quejamos de los impuestos que debemos pagar, vivimos al linde de lo permitido, donde hay una abertura le sacamos provecho y, si es posible, dejamos de abonar lo que nos corresponde. Pero luego también somos inquisidores pertinaces al recriminarle y exigirle al Estado que cumpla con sus deberes y responsabilidades.

En ese punto nadie reconoce que nosotros somos parte de ese Estado que siempre está en debe y somos responsables que mucha plata que debería ir a las arcas estatales no se aplican a ello porque la informalidad económica se afianza cada vez más, se tolera por un montón de excusas, pero nadie toma el primer paso de blanquear situaciones que golpean a extensas franjas sociales.

Somos una sociedad que camina de forma sinuosa, casi al borde del precipicio, sabemos que la expansión de la economía marginal ha sido forzada por un contexto socioeconómico que durante largos años eyectó a gente de los trabajos formales hacia la informalidad, que no paga impuestos y tiene a las personas pendiendo de un hilo sin el resguardo de obras sociales o una jubilación en el futuro.