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La arquitectura y el poder

Aun recuerdo el diálogo entre el Fürher y su ministro de guerra y arquitecto, Albert Speer, contemporáneo al diálogo que seguramente mantuvieron Oscar Niemeyer y el presidente brasilero Juscelino Kubitschek en la planificación de la ciudad de Brasilia, en la película “La caída”. El primero rodeaba la maqueta mientras llenaba de elogios a su ministro, era la planificación pública edilicia y ciudadana del imperio que duraría 1000 años, representaba la grandeza cultural de Alemania. El mismo poseía una profunda aversión por la arquitectura moderna, plasmada en sobreabundancia de hoteles, comercios. Esta estructura fue minimalista con respecto a la visión política de Adolf Hitler. En la misma era obligatorio poseer vestigios de los imperios poderosos del pasado, debía de remontarse a la historia grande con el Partenon y estructuras gigantes. Desde allí sostuve que la arquitectura es, sin lugar a dudas, una manifestación de poder, de la política, una variable influyente y concatenante -no siempre- a la hora de describir el desarrollo económico.

La arquitectura está en el imaginario colectivo relacionado al poder y noción de ciudad. Basta con ver las ciudades del golfo pérsico como Dubai o los micro-estados como Singapur, o ciudades estados como Nueva York o Shangai, compararlos con ciudades de pobre estructura edilicia como Dacca, capital de Bangladesh e, inmediatamente, establecer ese vinculo dualizando desarrollo-subdesarrollo, o en nuestra ciudad misma.

Yo soy un asiduo visitante de las torres ubicada en el complejo Juan Felipe Ibarra y ese imaginario colectivo me lleva a imaginarme por un instante estar en Nueva York y asentir positivamente la idea del desarrollo de la capital. Me remito al poder entendido desde lo difuso, a ese poder económico, al poder político, al conocido desde la “potestas” traducido en potestad, potencia, en la cual se utiliza como homólogo de facultas que significa posibilidad, capacidad, virtud, talento y la idea de fuerza que lo acompaña. Pero también a ese poder desde la óptica de Michael Foucault, entendido como dominio, como racionalidad para disciplinar, para controlar, para excluir. Hago especial hincapié en el poder político, porque considero que de él germinan las demás manifestaciones.

El arquitecto Javier Ruiloba describe a la arquitectura como un arte originariamente “funcional”, sosteniendo que “la edificación monumental, con otros fines de escala superior a la humana, ha sido sede y ostentación, utilizada preventivamente para el mantenimiento y crecimiento de los poderes socio-político-económicos de los Estados o Imperios y la competición entre ellos para el dominio mundial”.