Politica

Preparados, listos, ya

Ya estamos en carrera, falta solamente definir con certeza quiénes serán los agraciados, beneficiados o designados para representarnos en la carrera más emblemática de este nuevo año electoral.

A partir de aquí debemos analizar y puntualizar una serie de cuestiones imprescindibles para poder desentrañar qué se esconde detrás de las Alianzas, Frentes, Partidos y esas sonrisas angelicales que nos observan desde los afiches multicolores con alguna frase o palabra que intenta ser cautivadora de una población refractaria y descreída luego de años de fracasos y mentiras.

En primer lugar, uno recuerda que, hace años, Luis Barrionuevo interrogando a Bernardo Neustadt terminó haciendo una afirmación poco creíble y risueña en esa época, pero que hoy casi resulta ser una obviedad. “Somos todos peronistas”.

Cuando el gastronómico soltaba esa irónica y tajante definición no lo hacía desde el reconocimiento que la gente era afiliada, cantaba la marcha o tenían en su casa las fotos de Evita y Perón, sino más bien en algo que era subterráneo, invisible, etéreo, que todos de alguna u otra manera utilizamos al peronismo como un instrumento para conseguir o llegar al poder.

Dirá alguno que es un atrevimiento mayúsculo sostener dicha convicción fáctica, pero al contrario, si nos detenemos a pensar fríamente, podremos ir descubriendo que esa frase tiene mucho de certeza y goza de buena salud.

De tanto negarlo, proscribirlo, discutirlo, oponerse y criticarlo, el peronismo se fortaleció en su esencia pero de una manera mágica, modificó su presentación, su fisonomía, su forma de relacionarse con la sociedad.

Todos recordamos el 2003, cuando el peronismo se presentó dividido en tres partes, Menem, Rodríguez Saa y Kirchner, entre los tres grupos se aglutinó el setenta por ciento del electorado. En aquellos tiempos ya se avizoraba nuestro planteo y que fuera esbozado liminarmente por Barrionuevo.