Actualidad

Pastores con olor a oveja

Mientras la Diócesis de Santiago del Estero celebra la llegada del nuevo obispo auxiliar, también recuerda un nuevo aniversario de la muerte de su pastor más comprometido. El recién llegado fue protegido por el asesinado obispo Angeleli y el mismísimo papa Francisco.

El 25 de marzo de 1907 el papa San Pío X constituyó la Diócesis de Santiago del Estero. Hoy abarca una superficie de 72.273 kilómetros cuadrados con una población de 720.000 habitantes, de los cuales casi el 90 por ciento se declara católico. Tiene 45 parroquias; 300 iglesias y capillas; 67 sacerdotes, de los cuales 45 son diocesanos y 22 religiosos; 11 diáconos permanentes; 49 religiosas; y 79 centros educativos de la Iglesia. En sus 110 años, la Diócesis tuvo 9 obispos: Juan Martín Yáñez y Paz, elegido por San Pío X (1910-1926), Audino Rodríguez y Olmos (1927-1939), José Weimann (1940-1961), Manuel Tato (1961-1980), Manuel Guirao (1981-1994), quien renunció por razones de edad. El sexto obispo de esta sede fue monseñor Gerardo Eusebio Sueldo (1993-1998). Luego vinieron Juan Carlos Maccarone (1999-2005) y Francisco Polti (2006-2014).El noveno obispo es el actual, monseñor Vicente Bokalic Iglic, quien siendo obispo auxiliar de Buenos Aires, inició su ministerio pastoral en esta diócesis el 9 de marzo de 2014.

El pasado sábado 2 de septiembre, monseñor Enrique Alberto Martínez Ossola se convirtió en el décimo obispo de la Diócesis. En realidad, obispo auxiliar.

Entre esta decena de obispos hubo lugar para todos, desde el obispo que debió renunciar por un escándalo homosexual, hasta el que era un hombre del Opus Dei. Sin embargo, hubo uno que se destacó por sus luchas, por su compromiso permanente con los sectores más vulnerables, porque se atrevió a enfrentar al poder. Era el pastor que sólo pudo ser callado con la muerte. Era Gerardo Sueldo. ¿Quién más?

El obispo de quien, precisamente, por estos días, se recuerda un nuevo aniversario de su muerte. 19 años pasaron desde aquel 4 de septiembre de 1998, cuando falleció a causa de un accidente de tránsito. Para la mayoría de los santiagueños, lo habían matado, aunque la justicia aseguró que todo había sido producto de un caballo suelto en medio de la ruta 9, a la altura de San Marcos, mientras el obispo regresaba de Salta.

Debido a la velocidad que traía el vehículo, Sueldo se habría visto impedido de frenar a tiempo, intentando esquivar el animal, pero el auto salió del pavimento dando varios tumbos. El cuerpo del obispo fue a parar a varios metros del lugar. Sin embargo, nunca se pudo comprobar la existencia del caballo. De lo que si se supo con certeza es que había recibido llamadas telefónicas amenazantes. Años más tarde, en 2004, la jueza encargada de llevar a cabo la investigación relató que, en ese momento, funcionarios de la iglesia se opusieron a que se realizara la autopsia y, desde el ámbito político, se apresuraron a decir que estaba descartada la posibilidad de un atentado.