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El fútbol es cosa de hombres

No tengo dudas, el fútbol es cosa de hombres. Es algo que confirma nuestra “argentinidad al palo”, como repite Gustavo Cordera.

No existe la identidad nacional sin mimetizarla con nuestra camiseta, el oooooo del himno y la pasión que le metemos todos a la pelota. Bueno, casi todos, siempre hay alguna excepción.

Lo que sucede es que la excepción pasa, a veces, por los mismos jugadores, aquellos que deberían dar todo por la celeste y blanca, pasean aislados del mundo que los rodea, perdidos en sus laberínticos inconvenientes anímicos, soportando con dolor y destemplanza la pérdida del amor propio.

Nadie les pide que den la vida en su estricta dimensión, sino poner lo que hay que poner, lo que todo hombre valora de si mismo, agallas, empuje, fuerza, ímpetu, frenesí. No pedimos nada del otro mundo, nada anormal, algo lógico para aquellos que hacen de su profesión el patear una pelota y que tienen la gracia de vestir la camiseta nacional y representar un país.

Los mismos que son idolatrados por millones y los mismos que, en sus clubes donde ganan millones, hacen todo lo que nosotros les pedimos, sudan transpiración de esfuerzo y dedicación, brillan sin que nada ni nadie los opaque, son indiscutidos y respetados y, para colmo, hacen goles.Lamentablemente, vienen acá y esa llama, sagrada o mística, se pierde, se olvida, se apaga, no sabemos el porqué, pero ya nadie duda que el problema no pasa por los pies, pasa por la cabeza. Están contenidos, temerosos, fatalmente inutilizados para hacer una jugada de conjunto, para hilvanar una gambeta, para terminar una maniobra, para hacer un gol, salvo que sea en contra.

Con su desdicha a cuestas nos cargan a todo un país que, ilusionado, espera mucho más de ellos y, desde ya, no quiere quedarse en casa y sin Mundial de Rusia, si para colmo tenemos al mejor en nuestras filas.

Puede ser que nosotros seamos cómplices de esta mala campaña, de esta pésima y frustrante etapa futbolera. Con nuestra presión capaz le estaremos quitando aire a los futbolistas que se precian de ser los mejores.