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Predicar con el ejemplo

Jacques Turgot afirmaba que “el principio de la educación es predicar con el ejemplo” y si es así, cosa que adscribimos, el ejemplo que damos los adultos a nuestros jóvenes no es el mejor.

Se ha convertido en algo habitual cortar calles, ocupar el espacio público sin autorización, molestar al vecino, interferir el normal desenvolvimiento citadino. Poco importan los deseos, necesidades o derechos del otro. Está internalizado en la sociedad que cualquier queja se viabiliza de modo poco civilizado. No hay diálogo, sólo demostraciones de fuerza intemperantes como abusivas.

Tan consustanciada se ha vuelto en nuestra vida cotidiana la forma de demostrar los reclamos, que los más jóvenes han crecido con este estigma y lo han naturalizado hasta el modo que ellos también encauzan sus peticiones de una manera no convencional y por fuera del derecho y las normas de convivencia urbana.

La toma de los colegios con las que hoy nos topamos es una mueca lamentable de nosotros mismos como sociedad, hemos impuesto a quienes nos suceden, a nuestros hijos y nietos, una forma de ver y encarar la vida donde no hay espacio para el respeto al otro y lo que se vislumbra claramente es la intransigencia y la imposibilidad de llegar a negociaciones por canales pacíficos.

Si los alumnos son quienes aprenden de otras personas, es decir de sus mayores, han aprendido mal.

Alumno proviene del latín “alumnus”, que deriva de “alere”, que significa alimentar. Lo que se alimenta con la educación es el espíritu de conocimiento. Si nuestros estudiantes se alimentaron, año tras año, de los piquetes, cortes y manifestaciones, qué otra cosa podemos esperar de ellos cuando quieren manifestar sus deseos o pretensiones.

A partir que el gobierno porteño quiso implementar un cambio en la currícula secundaria, donde se adopta -como parte integrante del último año- la enseñanza por medio de prácticas profesionalizantes, permitiendo de este modo subsanar un reclamo inveterado que los jóvenes cuando salían del colegio no tenían experiencia laboral, se convirtió, de un día para el otro, en un boomerang, puesto que algunos alumnos de colegios que, ciertamente, no ingresan dentro de esta alternativa por depender de la Universidad Nacional, decidieron, como parte integrante de la comunidad educativa, oponerse a este proyecto.