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Si viviera Discepolín

Si viviera el genial Discepolín no sabemos si retocaría Cambalache o, directamente, le pondría nombres y apellidos contemporáneos.De autor brillante, que pintaba en cuerpo y alma las vivencias de un país en ciernes, a casi adivino de lo que hoy sucede en esta caótica tierra.

Si viviera hoy Discepolín podría contemplar los desaguisados más irreverentes y ver cumplida su profecía de juntar la Biblia con el calefón.

Sólo nosotros podemos convivir con las inesperadas presencias de personalidades que, por ser lo que son o representan sus dichos o acciones, no pasan desapercibidas y claro que sí, son dignos de una letra de tango, mareados podríamos decir, porque sólo así uno puede comprender ciertas declaraciones.

Nuestro más reconocido jurista, el siempre inefable Eugenio Raúl Zaffaroni, que no sólo fue juez de la más oprobiosa dictadura militar que asoló nuestro suelo sino que luego fue juez connotado y representante de los Derechos Humanos, incluso hasta hoy que es juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la Biblia y el calefón.

Es el mismo juez amigo del procesado y enjuiciado ex vicepresidente nuestro Amado Boudou, el mismo juez al que le encontraron varios departamentos alquilados para la más vieja profesión del mundo, la prostitución, que jamás vio nada ni criticó la corrupción enquistada en nuestro país, pero ahora observa un “deterioro grave del Estado de derecho” y señaló que, con Macri, se vive “un cambio de época que remite a 1955, con revanchismo y odio promovido desde el poder”.

Para este dechado de virtudes republicanas el actual gobierno “nos desprestigia ante la comunidad internacional” y, lo que es peor, “nos da vergüenza cuando nos preguntan qué pasa con Argentina en el mundo”.

El pasado inmediato ni hablar, para qué recordar y avergonzarnos de los bolsos de López, la tragedia del Once con De Vido a la cabeza, del jefe del Ejército amigo de Hebe de Bonafini, encubierto por el anterior gobierno y hoy detenido por lesa humanidad, Lázaro y los hoteles de Cristina, o la inexplicable y absurda muerte del fiscal Nisman, de todo ello amnesia total.

Pero hablábamos de Discepolín, que con Zaffaroni se haría un picnic, pero con Luisito Barrionuevo haría otro, el mismo que hace unos años nos ilustraba que había que dejar de robar un par de años, ahora le reclama a Macri que los empresarios “traigan la plata que tienen afuera del país”, sin saber uno si en esa categoría pone al resto de sus colegas sindicalistas que, como él mismo, son exitosos empresarios, los Cavalieri, los Moyano, los Lingieri entre tantos otros.