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El cuento de la buena Pipa

Como todo cuento, al principio fue eso, o mejor, se pensaba que era eso, un mero cuento, se hablaba de un fiasco, de sobrevaluación, de un vende humo.

Con el correr del tiempo, el cuento de la buena Pipa dejó de ser tal y se convirtió casi en un best seller, observado y admirado por todo el mundo.

Todo lo que tocaba se convertía, como por arte de magia, en algo dorado, brillante, magnífico. Todos se rendían a sus pies y esto -se los aseguro- sin ningún tipo de subterfugios lingüísticos.

Si hasta llegaron del viejo continente para llevárselo como prenda bien preciada y hubo que resguardarlo pagándole mucho más, era todo un cuento de oro.

De golpe, fue llamado por la varita mágica del nuevo santo patrono nacional. Parecía que se llevaba puesto al mundo, ocupaba un lugar preponderante y él, con creces, se lo fue ganando por derecho propio, casi casi tocaba el cielo con las manos.

Comenzaron a preocuparse en su barrio porque temían lo peor: que alguno ostentara los euros y, al final, billetera mata galán o futbolista, da igual.

Pero, lo que alguna vez fue un sueño, hoy pasa a ser una pesadilla y, reconozcámoslo, la peor de todas.

Aunque le recemos al santo de los futboleros, el Sam Paoli, nada podrá cambiar el destino, es que el Pipa ya no es cuento, se rompió los ligamentos de su rodilla y eso le llevará, operación mediante, unos cuantos meses, casi un año.

Decir que Boca enfrentará el campeonato sin su goleador nato y por extensión a la Libertadores, sueño añorado, que se avecina a pasos agigantados y justamente no serán los que pueda hacer el romperedes.