Judiciales

El crimen del gitanito sigue sin respuestas

El viernes 12 de noviembre de 2010, Agustín Yancovich, de 11 años, salió muy temprano de su casa, en la ciudad de La Banda, que compartía con su familia y con gran parte de la comunidad gitana, con el propósito de vender estampitas en la calle. A primera hora del sábado 13, su familia denunció la desaparición del menor.

Nada volvió a saberse de Agustín… por lo menos hasta el atardecer del jueves 18 de noviembre, cuando el cuerpo calcinado de un niño fue hallado en un predio ubicado detrás de la antigua escuela Normal, con similares características físicas a las del gitanito.En un tanque australiano de grandes dimensiones, en medio del predio abandonado, ubicado entre las calles Uriarte, Alberdi, San Carlos y Borges, del centro de la ciudad de La Banda, se encontraron restos de un niño, que habría sido incinerado en el lugar, luego cubierto con piedras y tierras. La justicia determinó luego que se trataba de Agustín.

La autopsia había determinado que el niño murió como consecuencia de dos golpes que recibió en la cabeza con un elemento contundente, presuntamente cometido con una herramienta de apreciables dimensiones que se encontraba oculta en el armario de la casa.

Por el caso fueron detenidos y procesados varios integrantes de la familia, entre ellos Rosa y Salvador Yancovich, a quienes se les había endilgado el delito de “homicidio doblemente calificado por alevosía y por el vínculo”.

También estaban acusados de participar en el hecho las hermanas de la madre, María Rosa y Aída; su cuñada, Marina; y los hermanos del niño, Cristian y Leonardo, que estaban procesados por “homicidio calificado por alevosía”.

Finalmente, a mediados de agosto del año 2013 la Cámara de Apelaciones en lo Penal de Santiago del Estero dictó la falta de mérito y la nulidad de la investigación del crimen del niño, por lo que se ordenó la excarcelación de los detenidos y la causa instruida por el juez Ramón Gómez volvió a “fojas cero”, por lo que el caso quedó sin resolución.

EN EL OLVIDO

La muerte de un niño es siempre sinónimo de dolor profundo, lacerante, desconsolado. Casi siempre se debe a enfermedades, accidentes domésticos o siniestros viales. Pero cuando esa muerte es producto de un crimen, todo ese sufrimiento se multiplica y se convierte en un clamor popular, casi siempre sustentando la lucha de los padres.

Sin embargo, no todos los crímenes de niños tienen el mismo clamor. Es lo que sucedió con Agustín Yancovich. Sin embargo, nadie levanta un cartel un para él. Nadie hace marchas de silencio. Todos parecen haberlo olvidado.-