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La Argentina indefensa

La desaparición en el Atlántico Sur del submarino San Juan, con la dolorosa pérdida de sus 44 tripulantes, ha puesto nuevamente en discusión en la sociedad argentina el papel que deben desempeñar las Fuerzas Armadas.

Más allá de una cuestión presupuestaria, en la que no hay duda que los gobiernos de los últimos años han disminuido notablemente los recursos para la Defensa Nacional, considero que la cuestión pasa fundamentalmente sobre el rol de las Fuerzas Armadas, teniendo en cuenta su función en países de naturaleza semicolonial que, -como el nuestro- integran el mundo periférico.

La dictadura militar de Videla, con la violación de los Derechos Humanos, con la destrucción de resortes vitales de la producción económica y la anulación de derechos políticos y civiles, llegó a generar una imagen tan nefasta de los militares que la sociedad se olvidó de nuestros ejércitos que, con honor y heroísmo, combatieron en las Guerras de la Independencia.

Surgió así un “antimilitarismo” y la consecuente estigmatización de los militares. El militar, por serlo, era “un milico de mierda” (Hebe de Bonafini). Tal es el concepto generalizado que se tiene de un integrante del Ejército. Es decir, con el retorno a la democracia, se vuelve al concepto del “apoliticismo” militar, propio de una democracia formal.

Ya a partir del gobierno social-demócrata de Raúl Alfonsín en 1983, -como consecuencia de lo ocurrido durante el Proceso de Reorganización Nacional- se instaló una sustitución conceptual en la contradicción fundamental que constituía el dilema del país: Patria o Colonia. La nueva fórmula instalada por la Social-Democracia pasó a ser “Democracia o Dictadura”, ampliada con la frase “con la democracia se vive, se come y se educa”.

En alguna medida se retrotraía a aquella falsa opción que se dio en un tiempo con nuestras Fuerzas Armadas, y que HonorioDíaz lo describe en su libro “Jauretche desde Jauretche”: “Hay un antimilitarismo de la izquierda cipaya que aborrece las espadas, y un militarismo de la derecha nacionalista que las idolatra”.

El caso actual del submarino San Juan reflota -reitero- la polémica sobre la misión de las Fuerzas Armadas. Hace unos días un dirigente político de un partido con personería en mi provincia, sostenía que las Fuerzas Armadas debían desaparecer en el país porque constituían un daño para la democracia. Por lo demás, el debate se centra en aspectos secundarios propios de irregularidades administrativas -que también hay que tener en cuenta-, con lo que se evade la discusión central sobre -reitero- el rol de las Fuerzas Armadas en un país subdesarrollado.