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Agarrando el toro por las astas

Error de cálculo, ingenuidad mayúscula, mentiras piadosas, orquestación vandálica, exacerbación de espíritus rencorosos, manipulación de incautos y desprevenidos. Todo fue un combo casi letal, rayano en la locura que asola nuestro país como un karma cada fin de año.

Es alocado y una aventura dialéctica sostener que los sucesos de estos últimos días se asemejan a diciembre del 2001, el intento desmedido de comparación tiene un sesgo de aviesa subjetividad malsana con el objetivo de licuar el poder de un gobierno democrático a favor de quienes perdieron en las urnas tan sólo hace dos meses.

Con el reciente apoyo popular, el gobierno está en su derecho de plantear medidas que considera oportunas y pertinentes para seguir el plan instaurado desde el 2015; por algo, la ciudadanía le volvió a dar su voto de confianza, mal que le pese a muchos.

También es cierto que es el momento para tomar este tipo de decisiones que cambian de raíz lo que hoy día se aplica en el país, aun por más duras y reactivas que sean las medidas a adoptar. Es hoy o diríamos nunca, luego con el paso del tiempo se diluyen las posibilidades de imponer cambios tan rotundos y drásticos.

La cuestión previsional y la falta de liquidez que sufre la Nación, además de la inflación que nos persigue encarnizadamente desde hace décadas, nos obliga a redefinir una nueva forma de asumir la cosa pública.

En este contexto muchos han callado y no han dicho la verdad del porqué llegamos a este estado de cosas. Resulta más fácil ser “nacionales o populares”, pero con una arista “demagógica”, y seguir dilapidando recursos sin fin pero hipotecando nuestro futuro.
Hoy, algunos se atreven a enfrentar la verdad y quieren hacer un cambio de eje, 180 grados, lo que resulta arriesgado sí, ilógico no sabemos, pero necesario seguro y, como todo cambio, produce escozor, dudas y temores.

Todos hablan de la reforma previsional pero, a decir verdad, no estamos frente a una verdadera reforma del sistema de jubilaciones y pensiones que rige en nuestro país. Lo que se está tratando y pone en vilo a la sociedad toda es un proyecto de ley jubilatoria, pero no una verdadera reforma previsional.

Se intenta encauzar un problema estructural de larga data. El sistema previsional argentino está en crisis desde hace décadas. Ha implosionado por diversos factores, mucho empleo en negro, pocos aportantes en relación con los beneficiarios del sistema, incremento de la expectativa de vida y, últimamente, el aumento de jubilados y pensionados que nunca han aportado pero que el anterior gobierno les otorgó un beneficio sin la debida contraprestación dineraria a lo largo de los años.

Todo ello redundó en un sistema deficitario que no alcanza a cubrir las erogaciones con fondos propios.