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El uso político del deporte

Alguien dijo que la vida es lo que transcurre de un mundial a otro, y cuánta razón tenía, al menos para los que ponemos al futbol en nuestro orden de prioridades. El mundial nos lleva a dar un stop en nuestras vidas durante un mes, a mezclarnos en un nacionalismo exacerbado, masificado, pasional y muchas veces violento, pero lo más sobresaliente es el posicionamiento simbólico de la nación rusa en una cosmovisión internacional de grandeza, de desarrollo, siguiendo un enlace con su pasado soviético, y el liderazgo de Putin será sólidamente consagrado.

No es el fin analizar el fútbol individualmente sino, el deporte en general como herramienta política de los gobiernos a lo largo del siglo XX y XXI en forma abreviada y las crisis que provocadas con la realización de magnos encuentro deportivos.

Lo más conocido en nuestro país en cuanto a esa dinámica es el mundial de 1978 y el uso dado por el gobierno de facto para legitimar tanto exterior como interiormente su régimen apelando principalmente al nacionalismo.

El deporte moviliza emociones, sentimientos y multiplica los valores hasta ser utilizado políticamente para lograr cohesión nacional y refrendar un gobierno sin importar el grado de democracia. El deporte logró a veces lo que la diplomacia no pudo, el gran y reciente ejemplo es el de los Juegos olímpicos de invierno en Pyeongchang, Corea del Sur, donde por primera vez desde 1950 un funcionario norcoreano visita el país. Se trata de la hermana del presidente de Corea Del Norte, Kim Yo-jong. El presidente surcoreano denominó a este evento mundial como, los juegos de la paz. Este hito provocó el deshielo en las relaciones de los países de la península propiciando una cumbre en este mes y la distensión con Washington, sin menoscabar las duras sanciones de Naciones Unidas y los Estados Unidos, siendo factor principal para el desmoronamiento de las tensiones pero no el único. Una semana después de la finalización de la cita olímpica, el jefe de la Oficina de Seguridad Nacional de Corea del Sur, Chung Eiu-Yong visitó la nación norcoreana donde el líder le entregó una carta que expresaba su deseo de reunirse con el presidente Trump.

No caben dudas de que los grandes eventos deportivos globales dan una matiz de desarrollo económico y hasta de potencia mundial pero a la vez, producen descalabros económicos y arquitectónicos hasta llevar a la crisis completa del sistema nacional, el ejemplo más acabado es el de Grecia post JJOO de Atenas 2004.