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El mundial de la grieta

Transitamos el año del Mundial, tenemos depositadas nuestras expectativas en la celeste y blanca, nuestro sueño es ganar la copa y el estandarte es Lio Messi. Pero, tras bambalinas, el Mundial ha acrecentado la grieta, algo casi connatural a nuestra propia esencia.

Este año nos encontrará unidos tras una fe inconmensurable y muchos fieles serán absorbidos por la tradición futbolera. Es que, en el año del Mundial, no hay nada más apoteótico que vivirlo a full y todo lo demás se vuelve intranscendente o, en todo caso, secundario. Como ilustraba el inefable Eduardo Galeano, “el fútbol es la única religión que no tiene ateos”.

Grieta que tiene aristas autóctonas, pero con trascendencia fuera de nuestras fronteras, como también hay cuestiones domésticas y coyunturales que bailan al compás de la redonda y están al acecho a la espera que ésta salga del centro del campo.

Hacia fuera y con ánimo futbolero de entre doscientos y pico de federaciones que se hallan insertas en la FIFA, nosotros, con el aditamento de ser una gran potencia de este deporte, consagrado dos veces campeón y otras tres veces subcampeón, tenemos el excluyente mérito de jugar los partidos sin público visitante, salvo contadas excepciones.

Sí, la gran potencia futbolera, aquella que tuvo empoltronado en un sitial sin parangón al extinto mandamás de la calle Viamonte, no pudo, no quiso o no supo lidiar con la violencia. Y así, hoy, el Estado y los dirigentes del fútbol no permiten que las canchas se llenen con la pasión dominguera y las tribunas se empoderan de monocolor.

Lo que hacía diferente y hacia sobresalir como el evento deportivo más espectacular del mundo, el River-Boca, dejó de tener ese brillo tan especial cuando las gradas se vaciaron por imperio de una decisión administrativa y bajo el argumento de terminar con la violencia.

Resultado, los partidos perdieron color y la violencia sigue floreándose, ahora sin la excusa de los visitantes, pero siempre se hacen lugar los muchachos para dejar alguna víctima colgada del travesaño.