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Seguridad: realidad virtual

Este fin de semana me di una vueltita por las Termas y me llamó poderosamente la atención la cantidad de controles policiales que se encontraban en el trayecto desde la Madre de Ciudades hasta el spa termal más grande del planeta.

Incluso me hice un tiempito para recorrer la casita de Tucumán, cuna de nuestra independencia. La verdad, el tiempo ayudaba y cambiar el aire era y es una buena idea.

Desde Santiago hasta el control caminero previo al peaje de ruta 9, nos topamos con unos ocho controles, todos con un móvil afectado y con por lo menos dos o tres efectivos.
Lo llamativo es que, tanto de ida como de vuelta, los muchachos se contentaban con mirar plácidamente el paso de los autos. Nadie te controlaba, nadie te paraba, estaban como estatuas o monolitos uniformados de policías.

Se los veía bastante distendidos, como gozando de un franco compensatorio en plena actividad policíaca.
Al arma la habían suplantado muchos de ellos con un mate, un bizcochito, y los mismísimos celulares. Algún osado tenía un adminiculo brillante de color rojo, mientras nos saludaban a nuestro paso.

Lo lindo era que como la señal de radio se perdía en la ruta al ver a los muchachos parados en ella era una forma de sentirnos acompañados.

Ahora bien, si creemos que esto es seguridad, la verdad es una realidad virtual. Estoy más seguro en mi casa, mientras mi hijo juega en la play disparándole con su arma a las fuerzas invasoras, que con esta policía imaginaria.

Creer que el sólo hecho de mostrar personal policial o móviles policiales garantiza seguridad es, simplemente, una utopía.

La seguridad se construye con medidas efectivas, con acciones decididas no con cartón pintado y espejitos de colores.

Quien delinque no actúa espasmódicamente, no responde como un robot de manera automática. Créase o no, el delincuente no es un tontito que deambula por las calles sin sentido; por el contrario, es un pillo que espera la oportunidad, agazapado y al menor descuido pega el zarpazo.