Entrevistas

Juan Ramos: “No sería posible la vida en comunidad en un estado selvático”

Cuando se trata de violencia, desde el psicoanálisis hay diferentes perfiles, según Juan L.L Ramos quien es psicoanalista y profesor en la Carrera de Lic. en Psicología y Psicopedagogía, miembro del Instituto Clínico Jacques Lacan, con quien Revista LA COLUMNA tuvo una entrevista exclusiva. Habló de que se plantean tres tipos: la neurosis, la psicosis y la perversión. A partir de ello, explicó cómo se desarrollan y construyen determinados mecanismos desde lo individual a lo colectivo que hace al fenómeno social de la justicia por mano propia.

- ¿Cómo se aborda la violencia desde el psicoanálisis? ¿Cuál se podría decir que es el deseo que lo mueve o lo motiva?

-El psicoanálisis plantea a un sujeto que está dividido entre una conciencia y un inconsciente. Lo inconsciente vendría a ser aquellos aspectos de su vida que están desconocidos, rechazados por el “yo” que es la parte consciente en un conflicto. Freud, lo supo definir como consustancial al sujeto humano. El conflicto es algo que hay que poder resolver de un modo que no sea autodestructivo, ni destructivo a terceros. Ahí entraría lo de la violencia, con salidas que tengan que ver, no con los excesos en donde destruyo a los demás o me destruyo a mí, sino con regulaciones. Técnicamente el psicoanálisis, habla del deseo y de goce. El deseo, que está vinculado al lazo social, al vinculo con el otro, en cómo puedo llevar esas relaciones que son importantes para mí, que son caras a mis sentimientos, por un lugar que tenga que ver con el deseo y no con el goce. Entonces, se entiende por deseo, como la regulación, el vínculo en donde yo reconozco al otro como un sujeto de derecho y puedo respetar, escuchar y acompañar su individualidad. Lacan habla del goce como lo opuesto, Freud hacía referencia a la “pulsión de vida y de muerte”, como el goce y la pulsión de muerte te pone y te lleva a puntos extremos de auto y de hetero destrucción o violencia con todos estos vínculos importantes.

-¿Qué es lo que se despierta en una persona para pensar, accionar y legitimar la violencia como mecanismo de defensa?

-En consonancia con este marco teórico, puede haber diferentes perfiles. Uno puede pensar en la violencia desde la psicosis, la cual tiene que ver con la fractura o pérdida de la realidad y la invasión a la conciencia de un sujeto de fantasmas, de ideas persecutorias. Estamos hablando de la paranoia, de sentir que lo pueden dañar y por lo tanto puede obrar con violencia, por que interpreta que la persona que se dirige para pedirle cualquier cosa, tiene una intención escondida, por ejemplo de agresión hacia el sujeto y el sujeto responde con violencia, cuando el otro quizá fue una interpretación delirante. Ese sería el perfil desde la psicosis, un tipo de locura o alienación del sujeto.

El otro tipo que plantea el psicoanálisis es el de la neurosis, que es lo que habitualmente padecemos la mayoría de los seres humanos. Se parece más a la “normalidad”, con lo que habría todo un debate de que es normal y que no, de hecho el psicoanálisis desde sus inicios ha puesto en cuestión ese concepto. En la violencia desde la neurosis, uno podría pensar por ejemplo, desde lo que llamamos el acting out o el pasaje al acto, son dos categorías distintas pero que aluden a un sujeto que pierde las referencias de la escena en la que vive. Puede llegar a ser un acto de violencia ante otro, es lo que muchas veces se llama “el crimen pasional” por ejemplo. También podría ser una psicosis o una perversión, cuando tengo un acto de violencia para con otro, a partir de una sobre determinación de dolor de padecimiento en mi. Es decir, lo más habitual es, genero una piña o un balazo, un cuchillazo, el revoleo de un objeto al otro, o le pego con algo, este en un acto de violencia física extrema a partir de un modelo autodestructivo de acumulación de tención o de malestar con esa persona o con otra. Tengo un drama donde acumulo violencia recibida o frustración o angustia con una persona y mi descarga en lugar de ir por el lado de la pulsión de vida, según Freud, o del deseo según lacan, que sería ir diciéndole que “me molesta que haga tal o cual cosa”, marcando limites y demás, lo que hace es guardarse, callarse, aguantarse y esto frustra. Entonces, esa sería otra forma de pensar en la violencia, en la que en ambas, a partir del acto cometido, se produce culpa, vergüenza, porque uno es como que se desconoce. El otro perfil, seria la perversión, en el que ya hablamos del placer, el disfrute del sujeto perverso a partir de provocar angustia, miedo o culpa en la persona que recibe la agresión. Este perfil tiene que ver con cómo se extrae placer a partir de violentar el cuerpo o la psique del otro. Aquí no hay una interpretación delirante de la realidad, ni culpa y angustia después, si no una voluntad deliberada de provocar angustia, miedo, temor.

-¿Existe una dualidad/conflicto en la persona a la hora de tomar justicia por mano propia?

-La justicia por mano propia, uno lo podría encuadrar como que es una apuesta mortífera, es la manifestación de una pulsión de muerte o de un goce, en el sentido de que uno se corre de lo que sería el contrato social. Se está participando de una convivencia con otros en virtud de un acto, por el cual hay una serie de prohibiciones que hay que cumplir para retroceder respecto al antojo individual, ceder algo de este individualismo, ese narcisismo para poder vivir en comunidad. Si cada uno hiciera lo que quisiese, no sería posible la vida en comunidad y lo que advendría seria un estado selvático, salvaje, la ley más fuerte, que es lo que se pone juego con la justicia por mano propia. De manera tal que yo podría decirte que, de nuevo uno podría enfocar la justicia por mano propia de la manera delirante, porque siente que ha habido una injuria hacia su persona e interpreta que hay un sujeto en su entorno que en realidad es alguien que se quiere vengar por algo, todo es delirante. El psicótico sufre una fractura de la realidad y por lo tanto voy y acciono con violencia. En el caso de la neurosis también, una persona que en lugar de supeditarse al ordenamiento jurídico del derecho, en un acto loco, impulsivo va y mata o daña severamente a otro haciendo justicia por mano propia, pero después viene la culpa por haber hecho eso, porque no se ha encontrado en sus cabales. En el caso de la perversión, me la imagino como muy delicada, con guante blanco, hecho de una manera impecable como lo vemos en muchas películas para que la ley no lo pesque y no haya pruebas en contra del perverso, que hace esta suerte de justicia por mano propia.