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Opinion del Dr. Alberto Pravia, Ex Fiscal y Juez Federal: Entre el derecho y la emoción

Los sucesos criminales donde la víctima repele una agresión o un injusto ilícito y, a su vez, comete una acción que, para la justicia, puede llegar a constituir un “delito”, provoca un cambio de perspectiva criminológica donde la víctima, en un instante, se convierte en victimario.

Ciertamente que el digesto punitivo plantea posibilidades de antijuridicidad, las llamadas “causas de justificación”, entre ellas la legítima defensa. Será en el ámbito tribunalicio donde se podrá determinar si estamos ante un hecho que debe ser reprochado jurídicamente o bien si el mismo está justificado por los hechos y, evidentemente, las pruebas existentes.

Lo que resulta difícil de conjugar es el pensamiento social en una comunidad golpeada por la inseguridad creciente y donde el Estado, a través de sus efectores directos, legisladores, policías, fiscales y jueces, no encuentra solución al incremento de la violencia manifestada en hechos ilícitos, donde un robo termina en lesiones graves u homicidio.

De suyo, el derecho no ampara el ejercicio abusivo de los derechos, ni la práctica de justicia por mano propia, es acá donde comienza a jugar el desconcierto público que no entiende leyes pero sufre el ilícito.

Y esta confusión deviene, por lógica consecuencia, del propio derecho, que es reputado, conocido por todos, pero que su comprensión nace a partir de la interpretación normativa, trabajo intelectivo propio de abogados.

Cuando alguien mate a una persona, que estando armada intentó robar algo de su pertenencia, puede actuar defendiendo lo que le pertenece pero con ciertos límites. ¿Qué quiero significar? La legítima defensa nos plantea una serie de asertos, primero que se haya puesto en peligro la vida, la integridad física o ciertos bienes relevantes de una persona.

Así las cosas, deberemos analizar y probar si hubo un riesgo concreto, si el atacante estaba huyendo, estaba desarmado, estaba de espaldas, ¿cuál era el riesgo existente en ese preciso momento?

Por otro lado, deberíamos observar de qué forma se repele una agresión; es decir, cuál fue el medio empleado, el que debe ser proporcional a la agresión sufrida y, asimismo, ésta debe ser actual. La reacción posterior a la puesta en peligro de la víctima no resulta resguardada por el derecho a defenderse si fue extemporánea.