Nota de Tapa

Los Papá Noel de la droga

Con bombos y platillos fueron presentados como los “Narcos VIP”. Sin embargo, la justicia estaría flaqueando a la hora de las imputaciones, ya que los acusa de “suministro a título gratuito”. Entonces, ¿son narcos o son émulos del gordito de traje rojo? ¿Venden o regalan sustancias prohibidas? La verdad de un rompecabezas que no termina de armarse.

El sábado 26 de enero la noticia corrió como un reguero de pólvora: una banda narco dedicada a la venta de drogas en boliches de la ciudad y conformada por “chicos bien”, o jóvenes de alta sociedad fue detenida. La primera en hablar de una “presunta organización delictiva”, fue la fiscal Aída Farrán Serlé.

A la hora de calificarlos, nadie dudó en llamarlos “Narco VIP”, como una característica descriptiva que hacía a su esencia. No era sólo la diversión de chicos de familias acomodadas que encontraban en las sustancias prohibidas un modo de diversión o de pasar bien el rato.

En un abrir y cerrar de ojos, Ramiro “Lechu” Petros, Luciano “Kiwi” Gamboa, Andrés Díaz Martínez, Cristian Sebastián Díaz y Marcos Arambuena fueron señalados como integrantes de una organización delictiva dedicada al narcotráfico de drogas.

Ellos eran jóvenes provenientes de encumbradas familias, hijos de ex ministros, hijos de reconocidos profesionales, hijos de personajes influyentes de la sociedad santiagueña. Habían estudiado en reconocidos colegios privados, se movían en los círculos más importantes de Santiago.

Para muchos, no cabían dudas, eran culpables de ser no sólo los zares de la noche sino de todo lo que se los acusara en relación con el tráfico de las drogas. Otros se preguntaban por qué no habrían de detenerlos, si no bebés de pecho ni tampoco víctimas inocentes que quedaron pegados por haber estado en el momento equivocado en el lugar incorrecto.

Mientras los cuestionamientos, las incertidumbres y las habladurías se multiplicaban, la justicia hacía su tarea. Sin embargo, en forma paralela, comenzó a surgir una serie de dudas entre los mismos peritos y entre quienes siguen de cerca las alternativas del caso. Dudas que no hacen otra cosa que abrir más interrogantes. Dudas que pueden beneficiar a los imputados. Dudas que pueden hacer tambalear la causa.

Dudas que pondrían en aprietos a la justicia. Dudas que podrían voltear una larga investigación.


ORIGEN

Por un lado, resulta llamativo que el origen de la causa surja de la justicia federal, que ordenó a Gendarmería Nacional las investigaciones, con las consecuentes escuchas telefónicas –que devinieron en 276 discos compactos con horas y horas de grabación- y todos los procedimientos posteriores.

Según fuentes cercanas a la causa, cuando la justicia federal estaba a punto de dar luz verde y ordenar los allanamientos y detención de los involucrados, la justicia local, avalada por la Ley de Narcomenudeo (Nº26.052), pidió que se remitieran a su órbita todas las investigaciones realizadas por Gendarmería, y comenzó a timonear la causa.

De modo tal que el juez Guillermo Molinari tuvo que resignar su competencia y girarle todas las actuaciones a la fiscal Aída Farrán Serlé.

Es cierto que la justicia ordinaria adquirió la facultad de investigar, juzgar y reprimir delitos tipificados en la Ley de Estupefaciente, con lo cual no resultaría extraño que haya decidido tomar en sus manos esta causa. Sin embargo, los más perspicaces sospechan de un trasfondo que pretendería ocultar a eslabones más altos en la cadena de comercialización de drogas.