A casi cuatro meses de la muerte de Diego Armando Maradona, sus seguidores y fanáticos se autoconvocaron a través de redes sociales en el Obelisco porteño para pedir que se esclarezca la muerte del ídolo nacional.

La cita estaba pactada para las 18 horas. Bajo la consigna “No murió, lo mataron”, desde hace unos días comenzaron circular unos flyers con el rostro y la silueta del Diez que invitaban a una movilización para pedir “Justicia por Diego” y “Juicio y castigo a los culpables de su deceso”.

Antes de las cinco de la tarde ya había algunas personas en la Plaza de la República, frente al Obelisco. En tanto, poco antes de las seis de la tarde llegaron al Obelisco Dalma y Gininna Maradona junto a Claudia Villafañe, portando una bandera y acompañados por seres queridos.

Pero apenas cinco minutos después, y en medio de un tumulto de gente, tanto la ex esposa del Diez como sus dos hijas se alejaron del Obelisco e ingresaron a un hotel, que abandonaron poco después de las 18.30.

También participan de la movilización Verónica Ojeda, una de sus ex parejas, y Dieguito Fernando, otro de sus hijos.

De la misma manera se hicieron eco las hijas del astro, Dalma y Gianinna Maradona, quienes confirmaron su asistencia junto a su mamá, Claudia Villafañe. “A partir de ese momento la movilización cobró otra magnitud”, dijo a Infobae Diego Coelho (35), uno de los fundadores de Pueblo Maradoniano, una agrupación que se desprendió de la Iglesia Maradoniana a finales de 2020.

Faltan un par de minutos para las 17 horas y Diego ya está en el Obelisco, pegando afiches junto a otros maradonianos. En charla con este medio, dice que esperan 25 micros: 10 de zona Norte y 15 de zona Sur. “Venimos a pedir justicia, a cantar y gritar por Diego para que los jueces y los fiscales vean que el pueblo necesita respuestas. En paz, con barbijos y respeto”, apunta Coelho.

Del barrio porteño de Barracas, Diego Coelho es papá de dos varones de 6 y 4 años. De Maradona, cuenta, se hizo fanático cuando tenía 5 años. “El mundial de 1990 me entró por los poros. Después le pedía a mi mamá que me comprara las revistas con la cara de Diego. Ahora cada vez que lo veo en una imagen me pongo a llorar. Me lo mataron por unos billetes”, dice Coelho.

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