Una finalísima digna de dos ganadores de finales. No hubo diferencias entre el gran campeón de la Champions y el de la Europa League. Por más que sean competencias de distinta categoría, el Sevilla le hizo fuerza al Bayern Munich hasta pasados los 90 minutos. Hasta el último se los 120 que duró esta Supercopa de Europa, que se fue a tiempo suplementario con dos equipos que tuvieron sus chances para levantar un nuevo trofeo.

El mejor equipo del mundo no la tuvo fácil con el aceitado Sevilla de Lopetegui. Con menos recursos y ya sin dos jugadores clave, como Banega y Sergio Reguilón, los españoles se plantaron y tuvieron sus momentos ante la máquina alemana. De hecho, lo pudieron haber ganado en tiempo de regular de no ser porque Neuer, el enorme capitán del Bayern, le tapó un mano a mano fenomenal a Youssef En-Nesyri.

Fue un 2-1 lleno de matices. De un control absoluto de los alemanes en los inicios de cada tiempo y con momentos de contragolpes letales del Sevilla. Se impusieron los de Munich, en definitiva, porque tienen recursos casi infinitos. Alphonse Davies, Tolisso, Boateng y Javi Martínez, titulares en casi todos los equipos del mundo, ingresaron desde el banco. Fue el español, justamente, quien cabeceó para poner el segundo en el primer tiempo extra. Fue el golpe letal de un Sevilla que peleó hasta el final.

De la mano de Lucas Ocampos (ingresó el Mudo Vázquez y el Huevo Acuña se quedó en el banco), quien convirtió de penal, los españoles amenazaron con robarle el récord de ahora 32 partidos invictos del Bayern. Estuvieron cerca. El supercampeón de Europa, y del planeta, son los alemanes. Hoy, por lejos, los mejores del mundo. Un verdadero equipazo. 

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