Ni la pandemia de coronavirus ni los celosos y necesarios protocolos impidieron uno de los encuentros más esperados de la Copa América: el de Lionel Messi y el fanático brasileño que mostró un enorme tatuaje suyo en la espalda.

La secuencia fue así: el joven irrumpió en la previa de la transmisión de Argentina-Uruguay en TyC Sports y exhibió su tatoo, realizado en Porto Alegre: la imagen de la Pulga, con la camiseta del Barcelona en sus manos, en aquel mítico festejo ante Real Madrid. Tan impactante y vívido es el grabado que sorprendió al protagonista. El mismísimo Messi comentó el posteo del canal. “Terrible tatuaje. Me encantó, me encantaría firmarle”, escribió el delantero.

Pues bien, la historia se cerró esta tarde, instantes antes de que el autobús de la Selección trasladara a la delegación al estadio Mané Garrincha para el reconocimiento del terreno. Messi el último en salir del hotel, vio que el joven se encontraba, de espaldas y ya desprovisto de su remera, junto a la valla. A su lado se encontraba el periodista Matías Pellicioni, de TyC, dispuesto a ayudarlo a cumplirle el sueño y registrar el momento del encuentro.

El rosarino respondió a los gritos y, a pesar de la recomendación de la seguridad, rompió la fila y caminó hacia un costado para conocer a su fan. Tomó un bolígrafo y estampó su firma en la espalda, junto al tatuaje. Luego, lo saludó con un choque de puños, antes de sumergirse en el vehículo.

“Gracias, Leo, gracias”, se escuchó en el instante del encuentro, tanto por parte del aficionado como del periodista que gestó el cara a cara. O, en este caso, el barbijo a barbijo.

“Sin palabras, estoy muy emocionado”, dijo el fan tras el momento mágico. Pellicioni reveló que Messi sabía que el joven lo estaba esperando. Y sin descuidarse en plena pandemia de COVID-19, cumplió con su palabra y con el anhelo de su admirador.

El aficionado, que ya advirtió que prefiere que Argentina gane la Copa América antes que Brasil, le deseó feliz Día del Padre. La Pulga sonrió, más allá de que el tapabocas no permitió que se advirtiera el gesto. ¿Cómo sigue la historia? El joven avisó que esperará sin camiseta hasta mañana. Y que tampoco se bañará. ¿Por qué? Tiene prevista una nueva visita al tatuador, para que la firma quede sellada con tinta indeleble, eterna, más allá de que el momento jamás se borrará de su mente. Y de su corazón.

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