Un estudio argentino, el primero en el mundo que abordó la temática del impacto de las cuarentenas en la pediculosis, concluyó que la prevalencia de los piojos en niñas y niños en edad escolar pasó del 70 por ciento al 44 por ciento después de los aislamientos estrictos, es decir que tuvo una caída de 26 puntos porcentuales.

Para llegar a esos conclusión, científicos del Centro de Investigaciones en Plagas e Insecticidas (Cipein) -que depende del Conicet y de la Unidad de Investigación y Desarrollo Estratégico para la Defensa (Unidef)- realizaron 627 encuestas en redes sociales a padres que permitieron cubrir una población de 1.118 niños de entre 3 y 14 años comprendiendo todos los niveles correspondientes a la escuela primaria.

«Los valores de infestación disminuyeron de un 70% antes de la cuarentena a un 44% en el momento de cuarentena más estricto», indicó a Télam Ariel Toloza, director del estudio e investigador del Conicet en el Cipein.

El 46 por ciento de las familias encuestadas fueron de la Ciudad de Buenos Aires, el 38 por ciento del primer cordón del Conurbano y el 16 por ciento restante del segundo y tercer cordón.

El estudio permitió comprobar que «la dinámica de infestación-reinfestación de las poblaciones de piojos se redujo marcadamente debido al bajo contacto entre los niños que asisten a los establecimientos educativos».

La cantidad de niños que hay en una casa es una de las variables que más determina la respuesta frente al control de la pediculosis: según el estudio, ya antes de la pandemia la prevalencia de piojos en hogares con un niño era de 50 por ciento, mientras que en hogares con dos, tres o más niños los valores ascendían al 80 por ciento.

«Estos valores se redujeron significativamente durante la cuarentena, ya que la prevalencia en hogares con un niño fue de 20 por ciento; con dos niños, 40 por ciento; y en hogares con tres o más chicos fue de 60 por ciento», reveló el trabajo liderado por Toloza según detalló la agencia CyTA-Leloir.

Los investigadores también identificaron el impacto de las medidas de control realizadas en el hogar por los familiares (para este caso excepcional) sugiriendo que, en aquellos hogares donde los niños no interaccionaron con otros, el empleo de simples medidas de control como el uso de peino fino o pediculicidas permitieron reducir de manera considerable los niveles de infestación de piojos.

«A la falta de contacto con otros niños se sumó que los padres estuvieron más tiempo con sus hijos para realizar estos controles», señaló Toloza.

Los principales datos del estudio, publicado en https://link.springer.com/article/10.1007/s00436-020-07038-y, corroboraron la premisa de que si el contacto entre chicos disminuía (como consecuencia de las normas del cierre de colegios e interrupción de actividades extraescolares), los niveles de infestación de piojos también disminuirían por el poco contacto cabeza-cabeza que requieren estos ectoparásitos para colonizar nuevos lugares de cría.

«Fue una comprobación de la hipótesis de que el ambiente escolar es el factor principal que favorece la dispersión del contagio», señaló.

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