01 de enero, 2026
Colaboración

El calendario vuelve a hacer lo suyo: cerrar una puerta y abrir otra. Se va un año cargado de urgencias, discusiones interminables y promesas a medio cumplir, y asoma 2026 con ese gesto ambiguo que ya conocemos bien: no promete facilidades, pero tampoco se resigna al fracaso.

Como casi todos sus antecedentes, el año que llega se anuncia difícil. La diferencia -y ahí está el desafío- es si esta vez seremos capaces de encararlo de otra manera.

El país necesita salir adelante, una frase repetida hasta el cansancio, pero que sigue siendo tan válida como esquiva.

Salir adelante no es un acto épico ni instantáneo; es un proceso colectivo que exige algo más que resistencia. Exige acuerdos, miradas largas y una mínima coincidencia sobre hacia dónde queremos ir. Y para eso, hay una condición básica que sigue pendiente: que la política deje de pelearse consigo misma como si el conflicto fuera un fin y no un problema.

No se trata de negar las diferencias -son inevitables y hasta necesarias- sino de abandonar la lógica del desgaste permanente, del cálculo corto y del beneficio propio.

El país no puede seguir siendo el botín de disputas estériles ni el escenario donde se esquilman recursos, tiempo y confianza. 2026 debería ser el año en que el diálogo deje de ser una palabra decorativa y se convierta en una herramienta real para construir consensos duraderos.

Pero la responsabilidad no termina en los despachos oficiales. También interpela a la ciudadanía.

Durante demasiado tiempo aceptamos el rol de convidados de piedra: espectadores atentos solo cuando se acercan las elecciones, críticos desde la tribuna, ausentes en la participación cotidiana.

Un país no se transforma solo con votos cada tanto, sino con compromiso, control ciudadano y una voz activa que no se apague cuando se cierran las urnas.

Despedir el año es, en el fondo, un ejercicio de balance y de deseo.

Sabemos que 2026 no será sencillo. Ninguno lo ha sido. Pero también sabemos que la esperanza no es ingenuidad: es una decisión.

La decisión de creer que, aun en contextos adversos, es posible hacer las cosas un poco mejor. Que este nuevo año nos encuentre menos enfrentados, más dialogantes y, sobre todo, más involucrados.

Porque salir adelante no es tarea de unos pocos: es un trabajo compartido que no admite más espectadores.

 

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