05 de marzo, 2026
Actualidad

A dos años del Plan Nacional, la provincia aprobó su esquema jurisdiccional y avanza en implementación. Pero, como en gran parte del país, la clave sigue siendo medir y usar los datos para mejorar en el aula.

En una escuela primaria de Santiago del Estero, la escena es conocida: chicos de segundo grado leen en voz alta, la maestra cronometra, marca errores, anota progresos. La alfabetización dejó de ser un concepto abstracto y volvió al centro de la política educativa. Pero la pregunta persiste: ¿cuánto impactan las decisiones en el aprendizaje real?

A dos años de la aprobación del Plan Nacional de Alfabetización por el Consejo Federal de Educación, las 24 jurisdicciones —entre ellas Santiago del Estero— cuentan con planes propios. El informe “Alfabetización: ¿Qué pasó y dónde estamos?”, elaborado por Luz Martorelli, Martín Nistal y Lucía Vallejo para Argentinos por la Educación, muestra avances institucionales claros, pero también brechas en la implementación efectiva.

 

Más presupuesto, más estructura

El respaldo financiero nacional creció de manera significativa. En 2025, la inversión destinada a alfabetización pasó del 2,4% al 6,4% del gasto educativo nacional: un incremento real del 152%, al saltar de 144.510 millones a 364.840 millones de pesos constantes de 2025. La mayor parte de esos fondos se transfirió a las provincias para ampliar la jornada escolar (77,1%), seguida por la compra de libros (13,9%) y la formación docente (1,8%).

En paralelo, se distribuyeron 19,6 millones de libros en todo el país durante 2025 —aunque la entrega comenzó recién en el segundo trimestre— y más de 11.500 docentes participaron en ateneos presenciales, mientras que más de 37.000 lo hicieron en cursos virtuales. El programa Escuelas Alfa en Red alcanzó a 6.686 instituciones con mayores desafíos.

Santiago del Estero, como el resto de las jurisdicciones, se inscribió en ese esquema federal que por primera vez fijó lineamientos comunes para la enseñanza de la lectura y la escritura.

 

El punto crítico: la evaluación

Sin embargo, el informe advierte que el mayor desafío no es normativo ni presupuestario, sino pedagógico: el uso sistemático de la información para mejorar la enseñanza.

A nivel nacional, la evaluación Aprender Alfabetización 2024 alcanzó a 91.042 alumnos de tercer grado y reveló que solo el 45% logró el nivel de lectura esperado. Al tratarse de una prueba muestral, no permitió devolver resultados específicos a cada escuela ni medir todavía la evolución posterior.

En las provincias, el panorama es dispar: 11 aplicaron evaluaciones propias de alfabetización, pero solo cinco informaron haber tomado decisiones pedagógicas concretas en base a esos datos. En la mayoría, el uso de resultados está “en desarrollo”.

En ese contexto, Santiago del Estero enfrenta el mismo reto estructural que buena parte del país: no solo evaluar, sino convertir esos resultados en insumos concretos para el trabajo cotidiano en las aulas. La brecha entre medir y transformar prácticas sigue siendo amplia.

 

Entre la prioridad política y la evidencia

La alfabetización se consolidó como bandera de gestión desde 2023, cuando Argentinos por la Educación impulsó la Campaña Nacional por la Alfabetización y logró el compromiso de candidatos presidenciales y 18 gobernadores, incluido el presidente Javier Milei. Desde entonces, la política ganó centralidad, estructura y financiamiento.

Pero los datos muestran que el camino recién empieza. Sin nuevas evaluaciones comparables y sin devolución sistemática de resultados a cada escuela, resulta difícil afirmar cuánto mejoraron los niveles de lectura en provincias como Santiago del Estero.

La escena en el aula —el niño que silabea, la docente que corrige, la planilla que registra avances— resume el desafío. Hay más recursos, más coordinación y más consenso que hace dos años. Lo que falta consolidar es el eslabón decisivo: transformar la información en mejora efectiva y sostenida de los aprendizajes.

 

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