El sábado 10 de enero, los artistas presentaron el videoclip oficial, un proyecto audiovisual puntual que puso en primer plano la canción, el paisaje y la identidad folklórica. Marcelo Toledo y Octavio Muratore presentaron el videoclip oficial de “Gato Quichuista”, una canción que encontró en la imagen un espacio de expansión narrativa y simbólica.
La presentación se realizó el sábado 10 de enero, fecha en la que el tema fue dado a conocer públicamente en su versión audiovisual. El anuncio se había concretado previamente a través de un flyer sobrio y directo: “Próximo lanzamiento – Videoclip oficial”, acompañado por una imagen que anticipó el clima estético del proyecto.
La escena elegida no fue casual. En un entorno natural, a cielo abierto y junto al agua, Muratore apareció con guitarra criolla y Toledo con bombo legüero. No hubo escenografía artificial ni artificios técnicos visibles. La imagen propuso una lectura clara: la música nació del territorio y dialogó con él. En ese marco se inscribió “Gato Quichuista”, una obra de Juan Carlos Carabajal que remitió desde su título a una forma musical tradicional y a una identidad cultural específica.
El lanzamiento del videoclip no respondió a la consolidación de un dúo permanente, sino a un encuentro artístico puntual. Marcelo Toledo y Octavio Muratore mantuvieron trayectorias propias y caminos individuales, y se unieron en esta ocasión para presentar una canción que encontró sentido en la conjunción de ambos universos. El proyecto se construyó desde el respeto por esas identidades, sin diluirlas ni forzarlas en una fórmula estable.
“Gato Quichuista” se inscribió dentro del lenguaje del folklore argentino, tanto por su denominación como por la instrumentación elegida. El gato, como ritmo, formó parte del acervo popular, y su reinterpretación en clave audiovisual propuso una lectura contemporánea sin perder el anclaje en la tradición. El bombo marcó el pulso; la guitarra sostuvo la armonía y el desarrollo melódico. La canción avanzó desde esa base, apoyándose en la comunicación directa entre los intérpretes.
VIDEOCLIP
El videoclip oficial apareció, en este contexto, como una extensión natural de la obra. No se trató solo de ilustrar la canción, sino de poner en escena su clima, su origen y su modo de decir. La elección del paisaje, la luz natural y la ausencia de artificio reforzaron una estética que privilegió lo esencial.
Marcelo Toledo llegó a este lanzamiento desde su propio recorrido artístico, con la guitarra como herramienta central de expresión. Su interpretación se apoyó en una relación directa con el instrumento, entendiendo la canción como un espacio de diálogo entre ritmo, melodía y palabra. En “Gato Quichuista”, su aporte se vinculó con la estructura musical y el desarrollo armónico, sosteniendo la identidad de la obra desde la cuerda y el fraseo.
Octavio Muratore, por su parte, aportó el pulso y su presencia, construyendo una base sonora que remitió a lo colectivo y a lo ancestral. La unión de Toledo y Muratore se dio exclusivamente para este proyecto, lo que reforzó el carácter especial del lanzamiento. No hubo anuncios de continuidad como dúo ni de futuras producciones conjuntas más allá de este videoclip. La apuesta estuvo puesta en mostrar una canción, con todo lo que implicó: sonido, imagen, territorio e identidad.
Con la presentación del videoclip de “Gato Quichuista”, la canción dejó de ser promesa para convertirse en hecho. En un escenario cultural donde muchas veces primó la velocidad, este lanzamiento propuso una pausa: mirar, escuchar y dejar que la música dialogara con el paisaje.
Marcelo Toledo y Octavio Muratore se encontraron en ese punto exacto, donde dos caminos individuales se cruzaron para darle forma a una obra compartida.