El cantautor bandeño presentó su nuevo trabajo discográfico en la histórica casa familiar de Alberdi 1345, en el marco de la Semana de la Abuela Luisa Paz Carabajal. El encuentro reunió canciones, recuerdos y una tradición que continúa atravesando a generaciones enteras de músicos santiagueños.
Hay lugares que no necesitan escenario porque ya tienen una historia escrita en sus paredes. La casa de los Carabajal, en La Banda, era uno de ellos. Allí donde durante décadas la música formó parte de la vida cotidiana, Demi Carabajal había elegido presentar “Ordenando el Caos”, un disco que resumía buena parte de su recorrido reciente y que, al mismo tiempo, abría una nueva etapa en su búsqueda artística.
La presentación se había realizado el miércoles 12 de agosto, desde las 22, en la vivienda familiar ubicada en Alberdi 1345, en el marco de los festejos de la Semana de la Abuela Luisa Paz Carabajal. La convocatoria había estado dirigida a la prensa y al público en general y había recuperado una modalidad profundamente ligada a la cultura musical santiagueña: el escenario abierto. La propuesta había permitido que músicos, amigos y colegas se sumaran a compartir la noche, en una suerte de encuentro donde la frontera entre artista y público quedaba deliberadamente desdibujada.
La elección del lugar no había sido un detalle menor. Para Demi, esa casa representaba un territorio íntimo, cargado de recuerdos y de experiencias vinculadas con la música. Allí habían sucedido durante años reuniones, encuentros culturales y momentos familiares que forman parte de la memoria de una de las familias más importantes del folklore argentino. Por eso, presentar allí “Ordenando el Caos” había significado regresar a un espacio conocido para contar, a través de nuevas canciones, una parte del presente.
“Sentimentalmente es el lugar que hoy habito, mi antro favorito”, había expresado el músico al referirse a la casa. La frase, cargada de afecto y con ese tono cotidiano que también forma parte de su personalidad artística, resumía el espíritu de la convocatoria. No se trataba solamente de estrenar canciones, sino de compartirlas en un lugar donde la música había sido durante mucho tiempo una manera de encontrarse.
Un año para darle forma a las canciones
“Ordenando el Caos” había tenido un proceso de elaboración diferente al de producciones anteriores de Demi Carabajal. El álbum había requerido más de un año de trabajo de producción en Estudios Ezio, en un proceso que permitió que las canciones atravesaran distintas etapas de maduración antes de llegar al formato definitivo.
El resultado había sido un repertorio de 18 composiciones en el que la chacarera aparecía como uno de los principales ejes, acompañada por guarachas, zambas y canciones que mostraban una búsqueda sonora más amplia. La diversidad de géneros no había implicado abandonar las raíces, sino explorar desde ellas nuevas posibilidades para la canción popular santiagueña.
El disco había incluido “Ordenando el caos”, “La Fiesta”, “Deslumbrando el tiempo”, “Rinconcito olvidado”, “Zambita”, “Gloriosa”, “Tierra”, “El auge”, “Realidad continua”, “Templo del Sol”, “Dulce como el agua”, “Las flores del corazón de Santiago del Estero”, “Mi guitarra sabe bien”, “Florezco al cantar”, “Una semilla”, “Rompo mis cadenas”, “Chacarera santiagueña” y “Yo soy un salamanquero”.
El título del álbum también había adquirido un sentido particular a partir del contexto en el que varias de sus canciones habían nacido. Durante la pandemia, el músico había atravesado un período de cambios y replanteos que terminó influyendo en su producción. La canción que dio nombre al trabajo había surgido de una colaboración con Manuel Orellana, con letra del integrante de Orellana Lucca y música de Demi.
Así, el “caos” del título no había sido solamente una referencia abstracta. Había representado también una experiencia personal y colectiva que encontró en la música una posibilidad de transformación. Ordenar no significaba necesariamente eliminar el desorden, sino encontrar una manera de convivir con él y convertirlo en canciones.
La chacarera como punto de partida
En un escenario musical donde el folklore continúa buscando nuevas formas de diálogo con otros lenguajes, Demi Carabajal había sostenido una idea clara: experimentar sin perder identidad. “Ordenando el Caos” había sido, en ese sentido, una muestra de esa búsqueda.
La chacarera había continuado ocupando un lugar central, pero el álbum había incorporado diferentes ritmos y climas. Zambas, guarachas y canciones de raíz popular habían ampliado el universo del disco sin borrar la pertenencia territorial. Santiago del Estero aparecía no solamente como referencia geográfica, sino como una forma de sentir, de cantar y de construir relatos.
Esa identidad también se encontraba en títulos como “Las flores del corazón de Santiago del Estero”, “Chacarera santiagueña” y “Yo soy un salamanquero”. Las canciones dialogaban con una tradición que tiene en la oralidad, la reunión y la transmisión generacional algunas de sus características más fuertes.
En esa construcción, la familia había tenido un papel determinante. Demi había crecido dentro de una historia musical que tiene entre sus nombres fundamentales a su padre, Carlos Carabajal, y a sus hermanos Peteco, Graciela y Enry. La música había formado parte de su vida desde mucho antes de convertirse en profesión y escenario.

La memoria de la Abuela Luisa
La presentación había coincidido además con una fecha especialmente significativa para la familia Carabajal: la Semana de la Abuela Luisa Paz Carabajal. María Luisa Paz de Carabajal había nacido el 15 de agosto de 1901 y había sido madre de doce hijos varones. Con el paso del tiempo, la celebración de su cumpleaños se había convertido en una de las expresiones populares más reconocidas de La Banda.
Lo que alguna vez había comenzado como un festejo familiar terminó transformándose en una celebración multitudinaria vinculada profundamente con la identidad cultural santiagueña. Cada año, músicos, bailarines, familias y visitantes se reúnen alrededor de una tradición que tiene a la casa familiar como uno de sus principales símbolos.
En ese contexto, la presentación de “Ordenando el Caos” había adquirido otra dimensión. El disco nuevo se encontraba con una historia antigua. Las canciones del presente ingresaban en una casa donde todavía resonaban las voces y guitarras de otras generaciones.
Por eso, el escenario abierto había sido mucho más que una propuesta artística. Había funcionado como una continuidad de aquella costumbre de reunirse a tocar, cantar y escuchar. Una tradición que no necesita demasiadas explicaciones porque se transmite en el gesto de acercar una guitarra, acompañar con palmas o simplemente quedarse a escuchar.
Volver a casa para seguir cantando
La presentación de “Ordenando el Caos” había encontrado en La Banda un escenario que no podía ser reemplazado por ningún teatro. Demi había elegido volver a casa para mostrar un material que había demandado tiempo, producción y una profunda búsqueda personal.
La escena había reunido dos tiempos: el de la memoria familiar y el de las nuevas canciones. Entre chacareras, zambas, guarachas, guitarras y voces invitadas, la música había vuelto a ocupar el centro de una casa que lleva décadas ligada a la cultura popular santiagueña.
En tiempos donde buena parte de la producción musical se presenta desde grandes escenarios, plataformas digitales y circuitos comerciales, el gesto de abrir las puertas de la casa familiar recuperaba una dimensión más cercana de la cultura. La música como encuentro, como conversación y como patrimonio vivo.
“Ordenando el Caos” había sido, finalmente, algo más que un nuevo disco para Demi Carabajal. Había representado un proceso de búsqueda y maduración, pero también una oportunidad para volver a mirar las raíces. Y en La Banda, donde la historia de los Carabajal continúa siendo parte de la identidad cultural de Santiago del Estero, el regreso a casa había encontrado la mejor manera de contar esa historia: con canciones.