Entre enero y mayo se concretaron 415 procesos de donación, un 13,6% más que en el mismo período de 2025, mientras mayo marcó un récord histórico con 109 procesos. En Santiago del Estero ya se registraron ocho donantes reales durante el año y 17 trasplantes de órganos con donante fallecido en residentes de la provincia. Sin embargo, 118 personas continúan en lista de espera.
Hay números que parecen fríos cuando aparecen en una planilla, pero adquieren otra dimensión cuando se comprende qué hay detrás. La donación de órganos es uno de ellos.
En Argentina, 2026 está mostrando una evolución favorable de la actividad de procuración y trasplante. Entre enero y mayo se realizaron 415 procesos de donación de órganos, un 13,6% más que durante el mismo período de 2025, según datos oficiales del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI).
El crecimiento también se refleja en la cantidad de personas que pudieron acceder a un trasplante. Hasta el 28 de mayo, 957 pacientes en lista de espera habían recibido un trasplante de órganos y se habían realizado 743 trasplantes de córneas. En total, durante los primeros cinco meses del año se contabilizaron 1.700 trasplantes de órganos y córneas.
Pero el dato que marcó un antes y un después durante 2026 llegó en mayo.
Ese mes Argentina alcanzó un récord histórico mensual de procesos de donación.
Mayo y un récord que abrió nuevas oportunidades
Durante mayo se concretaron 109 procesos de donación, la cifra mensual más alta registrada en el país. El número superó el récord anterior, de 96 procesos, alcanzado en junio de 2025.
Gracias a esos procesos fue posible realizar 228 trasplantes de órganos: 150 renales, 48 hepáticos, 19 cardíacos, cinco renopancreáticos, cuatro pulmonares y dos hepatorrenales.
Además, 139 personas recibieron un trasplante de córneas.
La dimensión de la cifra permite entender que un solo proceso de donación puede generar múltiples oportunidades. Pero también demuestra que el trasplante no es un procedimiento aislado: requiere una cadena sanitaria que comienza con la detección de un potencial donante y continúa con la evaluación médica, la ablación, la asignación de órganos, la logística y finalmente el trasplante.
En esa cadena participan profesionales, hospitales, organismos provinciales y nacionales y, de manera fundamental, las familias de los donantes.
Porque detrás de cada donación hay una historia atravesada por el dolor de una pérdida.
Y también hay otras historias que pueden continuar.
Santiago del Estero: ocho donantes y 118 personas en espera
La realidad nacional tiene su propio capítulo en Santiago del Estero.
Los datos oficiales del SINTRA, el Sistema Nacional de Información de Procuración y Trasplante, muestran que la provincia registraba al 29 de agosto de 2026 ocho donantes reales, con una tasa de 7,55 donantes por millón de habitantes. Durante el mismo período se habían concretado 17 trasplantes de órganos con donante fallecido en residentes santiagueños.
Pero hay un número que obliga a detenerse: 118 personas residentes en Santiago del Estero permanecen en lista de espera para recibir un órgano.
De ellas, 92 esperan un trasplante renal, 16 uno hepático, tres necesitan un órgano intratorácico y siete se encuentran en la categoría de otros órganos. A esto se suman 27 personas que esperan un trasplante de córnea. La provincia registra, además, unos 800 pacientes en diálisis.
Cada número representa una persona. Alguien que espera una llamada. Una familia pendiente de una noticia. Un paciente que organiza su vida alrededor de una enfermedad y que, en muchos casos, lleva años esperando la posibilidad de acceder a un trasplante.
La lista de espera no es una abstracción. Es tiempo.
Y para muchos pacientes, ese tiempo se mide en oportunidades de seguir viviendo.
La solidaridad también se construye en Santiago
Durante 2026, la provincia profundizó las acciones de concientización sobre la importancia de la donación.
El 30 de mayo, Día Nacional de la Donación de Órganos y Tejidos, se realizó en el Parque Aguirre la jornada “Colores que dan vida”, organizada por el Centro de Ablación e Implante de Santiago del Estero (CAISE), con acompañamiento del Ministerio de Salud provincial. Participaron autoridades sanitarias, personas trasplantadas, familias y vecinos.
Durante la actividad, la ministra de Salud, Natividad Nassif, destacó el aumento de los donantes de órganos y tejidos en la provincia y señaló que el trabajo de concientización estaba generando respuestas solidarias en la población.
El testimonio de quienes recibieron un trasplante permitió ponerle rostro a las estadísticas.
Melina Castellanos, trasplantada renal, resumió esa experiencia desde un lugar imposible de reflejar en una cifra: la donación significa una segunda oportunidad de vida.
Ese concepto debería ser el centro de cualquier campaña de concientización.
Porque para quien espera un órgano, la palabra “donación” no representa solamente solidaridad. Representa futuro.
Una cadena sanitaria que no puede detenerse
La donación de órganos requiere una estructura capaz de detectar potenciales donantes y transformar esa posibilidad en una oportunidad concreta.
En mayo, el Ministerio de Salud informó que los procesos de donación registrados en el país se desarrollaron en distintas jurisdicciones, entre ellas Santiago del Estero. La coordinación entre los organismos provinciales de procuración y el sistema nacional resulta fundamental para que los órganos puedan llegar a quienes los necesitan.
La tecnología también avanza.
Durante 2026, el INCUCAI incorporó herramientas destinadas a mejorar la trazabilidad y seguridad de los procesos de donación y trasplante. Entre ellas se encuentra la implementación de la firma electrónica para los procedimientos gestionados a través del SINTRA.
Pero hay algo que ninguna tecnología puede producir. Un órgano humano disponible para trasplante. Por eso la decisión de donar continúa siendo irremplazable.
Hablar de donación antes de que sea tarde
En Argentina rige la Ley 27.447, conocida como Ley Justina, que establece el principio de donante presunto para mayores de 18 años, salvo que la persona haya dejado constancia expresa de su oposición.
Pero más allá de lo establecido por la legislación, existe una recomendación que conserva un enorme valor humano: hablar con la familia sobre la voluntad de donar.
No hay que esperar una situación límite. No hay que esperar una enfermedad.
No hay que esperar que la muerte llegue a una familia cercana para preguntarnos qué pensamos sobre la donación.