04 de septiembre, 2026
Pienso, luego existo

Hay paradojas que solamente el fútbol puede producir, en estos días, el mercado de pases vuelve a poner en escena cifras capaces de aturdir a cualquiera que observe el deporte desde fuera de su lógica económica.

Enzo Fernández fue comprado por Chelsea al Benfica a 121 millones de euros, una cifra que convirtió al mediocampista argentino en uno de los futbolistas más caros de la historia y ahora se habla de 140 millones del Chelsea al City.

Por su parte, Julián Álvarez, otro campeón del mundo, pasó del Manchester City al Atlético de Madrid por 75 millones de euros, con otros 20 millones sujetos a variables y ahora el Atlético le puso precio de 500 millones cuando el Real y el Madrid apostaban para pagar entre 100 y 150 millones.

Son cantidades extraordinarias, pero existe una circunstancia todavía más extraordinaria, Lionel Andrés Messi, el mejor futbolista de todos los tiempos, jamás fue transferido mediante el pago de una ficha entre clubes profesionales.

Barcelona no pagó por él cuando lo incorporó siendo un niño. Su llegada al primer equipo fue el resultado de su formación en La Masia y de una relación contractual que se desarrolló dentro del propio club.

Cuando abandonó Barcelona en 2021, Paris Saint-Germain lo incorporó como agente libre y cuando dejó París en 2023, Inter Miami volvió a incorporarlo sin pagar una transferencia tradicional. Es decir: el futbolista que probablemente produjo el mayor impacto deportivo, comercial y cultural de la historia del fútbol pasó de un club a otro sin que un tercero tuviera que comprar su ficha.

La paradoja es formidable. Cifras siderales para grandes jugadores ¿Y Messi? Cero. Naturalmente, ese cero no significa que Messi haya valido cero. Significa exactamente lo contrario, que el mercado nunca tuvo la oportunidad de establecer cuánto habría estado dispuesto a pagar por él en el momento de máximo esplendor de su carrera.

Y allí aparece la pregunta que resulta inevitable: ¿cuánto habría costado Messi?

No existe una respuesta matemática. El precio de un futbolista no surge de una fórmula científica, depende de su edad, contrato, duración, rendimiento, posición, proyección, situación económica del comprador, necesidad del vendedor y, sobre todo, de la competencia entre quienes desean contratarlo.

Pero hay algo que ningún número podría medir, el valor económico indirecto que representa y sigue haciéndolo Messi.

En su caso, no se trata solamente de comprar goles, asistencias o títulos, la apuesta viene de una marca en sí misma, millones de seguidores, camisetas, derechos televisivos, patrocinadores, entradas, audiencia digital y una capacidad extraordinaria para transformar la identidad comercial de un club.

Por eso la historia termina siendo casi una ironía del fútbol moderno. Los campeones del mundo argentinos son tasados en cifras que hace apenas dos décadas hubieran parecido imposibles. Enzo y Julián representan, además, una generación extraordinaria de futbolistas argentinos cuyo talento tiene una cotización acorde con su jerarquía internacional.

Pero por una circunstancia contractual y temporal, el jugador que más valor deportivo y económico produjo jamás fue también aquel por cuya ficha nadie pagó un solo euro. Tal vez sea la mejor demostración de que el precio y el valor no son la misma cosa, porque Messi tuvo precio cero en sus transferencias pero su valor, en cambio, quizá nunca pueda ser calculado.

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