09 de octubre, 2026
Actualidad

El fenómeno de El Niño ya está presente y atraviesa una etapa de fortalecimiento. En Argentina, sus efectos no son iguales en todo el territorio, pero pueden aumentar la probabilidad de lluvias por encima de lo normal, crecidas de ríos, inundaciones y anegamientos en distintas regiones. Conocer cómo funciona y anticiparse a sus posibles consecuencias permite reducir riesgos sobre la población, la infraestructura, la producción y el ambiente.

El Niño no es un fenómeno nuevo ni una consecuencia directa del cambio climático. Se trata de un fenómeno natural que forma parte del sistema conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) y que se produce cuando las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial central y oriental presentan temperaturas superiores a las habituales.

Ese calentamiento modifica la circulación de la atmósfera y puede alterar los patrones de temperatura y precipitaciones en distintas partes del mundo. El fenómeno suele aparecer cada dos a siete años y puede mantenerse durante varios meses.

En septiembre de 2026, el Servicio Meteorológico Nacional informó que las condiciones del ENOS correspondían a una fase cálida o El Niño y que existía una probabilidad del 100% de que se mantuviera durante el trimestre septiembre-octubre-noviembre, con una intensidad prevista entre fuerte y muy fuerte. La Organización Meteorológica Mundial, por su parte, señaló que el episodio podía intensificarse y persistir hasta comienzos de 2027.

Uno de los aspectos centrales para comprender El Niño es que no significa que vaya a llover más en toda la Argentina. Su influencia cambia según la región, la época del año y las características particulares de cada episodio.

En el este del país, especialmente en el Litoral y sectores de la región pampeana, El Niño suele asociarse con una mayor probabilidad de precipitaciones superiores a las normales durante la primavera y el verano. Esto puede ser beneficioso cuando contribuye a recuperar la humedad del suelo después de períodos secos, pero también puede generar problemas cuando las lluvias son demasiado intensas o persistentes.

En las grandes cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, el aumento del caudal puede incrementar el riesgo para las poblaciones y actividades productivas ubicadas en zonas ribereñas o bajas. Las experiencias de episodios anteriores muestran que las crecidas pueden derivar en inundaciones tanto rurales como urbanas.

 

Cuando el exceso de agua modifica el territorio

El impacto de las lluvias no depende solamente de cuánto llueva. También intervienen las características del territorio y su capacidad para absorber, almacenar y evacuar el agua.

Cuando las precipitaciones superan esa capacidad pueden producirse inundaciones urbanas y rurales, anegamientos prolongados, erosión del suelo y desbordes de ríos y arroyos. En las ciudades, el exceso de agua puede afectar viviendas, escuelas, centros de salud, comercios, caminos y sistemas de transporte, además de provocar interrupciones en los servicios de electricidad, agua potable y saneamiento.

El problema puede agravarse en zonas donde existen deficiencias de infraestructura, ocupación de áreas inundables o pérdida de ambientes naturales capaces de retener agua. Los humedales, por ejemplo, cumplen funciones importantes en la regulación hídrica, por lo que su deterioro puede aumentar la vulnerabilidad del territorio frente a determinados eventos extremos.

 Greenpeace también señala que la urbanización de zonas expuestas y la degradación de bosques y humedales pueden dejar a las comunidades en una situación de mayor riesgo.

El sector agropecuario puede encontrarse ante un escenario contradictorio. Una mayor disponibilidad de agua puede favorecer determinados cultivos y mejorar las condiciones de los suelos en zonas que atravesaban períodos secos.

 Sin embargo, los excesos hídricos pueden provocar pérdidas de rendimiento, dificultades para ingresar a los campos, enfermedades en los cultivos y complicaciones para el traslado y cuidado del ganado.

El INTA destaca que el impacto de El Niño se encuentra fuertemente condicionado por cada región y que la clave está en anticipar las decisiones. En las zonas bajas, por ejemplo, se recomienda extremar las precauciones frente a los anegamientos, monitorear las napas y prever el traslado de animales. También resulta importante mantener despejados los sistemas de drenaje y proteger semillas, maquinaria y otros insumos en lugares elevados.

¿Qué relación tiene con el cambio climático?

El Niño y el cambio climático no son el mismo fenómeno. El primero es un proceso natural que ocurre dentro del sistema climático, mientras que el segundo está relacionado principalmente con el aumento de gases de efecto invernadero generado por actividades humanas.

Sin embargo, ambos pueden interactuar. El Niño se desarrolla actualmente sobre un planeta que ya presenta temperaturas más elevadas que en décadas anteriores. Esto significa que sus efectos se producen sobre una base climática diferente a la del pasado.

 Los especialistas todavía estudian de qué manera exacta el cambio climático puede modificar la frecuencia o intensidad de los episodios de El Niño, pero existe consenso en que el contexto de temperaturas más altas puede aumentar la vulnerabilidad frente a determinados extremos.

 

La importancia de prepararse

El Niño no puede evitarse, pero sus consecuencias pueden reducirse mediante la prevención. A nivel urbano, algunas medidas sencillas pueden disminuir los riesgos antes de un período de lluvias intensas: mantener despejados desagües, retirar objetos que puedan ser arrastrados por el agua, identificar los lugares seguros y conocer las zonas que suelen inundarse.

También es recomendable tener preparado un plan familiar de emergencia y una mochila con documentación protegida, agua, alimentos, medicamentos, linterna, radio y elementos de primeros auxilios. Ante alertas meteorológicas, las autoridades recomiendan evitar circular por calles anegadas, mantenerse alejados de zonas inundables y seguir las indicaciones oficiales.

En las áreas rurales, la preparación requiere además revisar caminos, alcantarillas y canales de drenaje, prever lugares seguros para los animales y contar con reservas de agua y alimento. La coordinación entre productores, municipios y organismos de emergencia también resulta fundamental para actuar antes de que una situación climática se transforme en una emergencia.

Comprender qué es El Niño permite evitar dos extremos: pensar que cualquier lluvia intensa es consecuencia del fenómeno o asumir que todos sus efectos pueden anticiparse con exactitud.

El Niño aumenta la probabilidad de determinadas condiciones climáticas, pero no permite saber por sí solo dónde ocurrirá una inundación o cuánto lloverá en una determinada localidad. Para eso son necesarios los pronósticos meteorológicos y climáticos regionales.

 

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