Empezó el mundial y con él, la vorágine albiceleste que orla calles, casas, negocios que venden todo en los colores del cielo y de la ilusión por ganar.
También adorna los ánimos alicaídos de los argentinos que esperan la recreación de viejas victorias y por qué no, la felicidad fugaz de una nueva copa para la Argentina.
Sabemos que somos exitistas, que todos hacen negocio con el mundial y que hasta se han ido los ahorros de muchas familias en el intrépido objetivo de llenar “el álbum de figuritas”.
Gente grande ¿no? Nada de chicos. He visto gente adulta persiguiendo la “zanahoria”, de llenarlo, la quimera de conseguir la figurita de Messi y bla, bla.
¡Qué historias tan domésticas que reflejan la argentinidad!
Si hasta existen propagandas de casas de préstamos que otorgan millones para armar la propia tribuna, eso sin contar los argentinos que se endeudaron para hacer un viaje a algunas de las sedes del mundial.
Todo sea por un corazón que mira hacia afuera, ilusionado, pensando que la fugaz alegría de un campeonato puede sanar las heridas más profundas, de cualquier índole que éstas sean. Todo es válido para no mirarse adentro, allí donde hay penas sin resolver.
Así está orquestado el sistema. Ese que vende la felicidad envasada y pintada en celeste y blanco, es el mismo que vende el televisor de hasta 100 pulgadas, para tener la cancha en el mismísimo corazón de la casa propia.
Lo bueno de las ilusiones es que proporcionan momentos de dicha, lo bueno de asumir que son sólo eso, ilusiones, es que la realidad asumida nos hace tratar de solucionar las razones que nos llevan a nuestro interior más profundo. Ese interior que no queremos mirar ni por casualidad.
Un dicho budista dice que el que mira afuera, vive en letargo, el que mira hacia adentro, despierta. Ergo, durante lo que dure el mundial, tendremos una sociedad totalmente dormida.
Hoy más que nunca, que estamos todos de capa caída, necesitamos un buen empujón de ilusiones, pero no tenemos una buena perspectiva ya que (contradiciendo el dicho budista) estos acontecimientos son diseñados para mirar exclusivamente para afuera.
La mirada introspectiva, la esperamos o no para después del campeonato o la eliminación…

HORMONAS ALBOROTADAS
Para quienes ven fútbol con asiduidad -en general los hombres- la mirada femenina de este deporte es anacrónica.
Alguna vez escuché quejarse a un hombre de que su mujer le preguntaba cuándo era penal en el momento en que se iba a patear uno que era decisivo para el destino de Argentina. El manoteo de última hora por saber algo de eso que, durante tres años, les es indiferente.
A decir verdad, los jugadores de fútbol de hoy son los nuevos rock stars. A las mujeres que las encandila este deporte sólo en época mundialista, les gusta todo el rendibú que se le hace a estos hombres de glúteos firmes y billeteras abultadas.
De pronto, salen a la cancha y no sólo son fuertes y buenos jugadores, además, conforman una élite de personas tocadas por la varita de la suerte y la fortuna, grandes ilusiones de nuestra era y a la que aspiran todos los que miran con la “ñata contra el vidrio” el éxito ajeno.
Las mujeres que miran fútbol sólo para los mundiales son las aspirantes a botineras, o botineras conformistas, ya que les basta y sobra con mirarlos y ponerlos en sus pantallas de celulares como nuevos santitos que satisfarán ese deseo carnal sublimado.
Al fin y al cabo, los jugadores han dejado de ser meros goleadores para pasar a ser modelos de marcas, y de las mejores.
Eso despierta los estrógenos femeninos, que olfatean la testosterona. Pero no cualquier hormona masculina. Una que lleva a elegir la hegemonía de la que gozan los hombres de lo que un querido colega decía “el viril deporte del balompié”.
Los futbolistas suelen ser muy requeridos y admirados por muchas mujeres debido a una combinación de factores sociales, culturales y personales. En primer lugar, el fútbol es uno de los deportes más populares del mundo, lo que convierte a sus jugadores en figuras visibles y admiradas. La fama y el reconocimiento público suelen generar atracción e interés.
Además, los futbolistas suelen asociarse con cualidades valoradas socialmente, como la disciplina, la perseverancia, la confianza en sí mismos y la buena condición física. El éxito deportivo también puede transmitir una imagen de liderazgo y determinación.
Otro aspecto importante es el económico. Los jugadores profesionales de alto nivel suelen disfrutar de estabilidad financiera y un estilo de vida atractivo, algo que también puede influir en la percepción que muchas personas tienen de ellos.
Sin embargo, es importante recordar que no todas las mujeres se sienten atraídas por los futbolistas ni por las mismas razones. La atracción humana es compleja y depende de los gustos, valores y experiencias de cada persona.
En definitiva, el amor fugaz que dura un mes, pasará, cada uno volverá a sus actividades, la ilusión puede o no convertirse en copa mundial para el país, mientras tanto el grupo Panini, seguirá haciendo dinero con la fantasía de las figuritas coloridas, aunque cueste medio sueldo llenar el álbum y, como decía Brandoni en su video post mortem (versión sin exabruptos), “si una persona se sienta en el sillón a ver 22 millonarios jugando a la pelota, no hay esperanza”.