08 de octubre, 2026
Actualidad

La ciudad Capital fue escenario de una jornada atravesada por la presencia franciscana, la paz, la solidaridad y el compromiso comunitario. La 10ª edición de los Premios Francisco reunió reconocimientos, oración, arte y testimonios en el marco del Jubileo Franciscano por los 800 años de la Pascua de San Francisco de Asís.

En Santiago del Estero, la figura de Francisco de Asís volvió a ocupar el centro de una jornada que combinó religión y realidad social. No fue solamente una celebración vinculada con una fecha del calendario franciscano. Las actividades desarrolladas este lunes mostraron cómo un mensaje nacido hace ocho siglos continuó encontrando espacios concretos en una sociedad atravesada por desigualdades, necesidades y búsquedas colectivas.

La jornada comenzó por la mañana con la Caminata Jubilar por la Paz, que partió desde la Plazoleta San Francisco Solano y llegó hasta el Parque del Encuentro. El recorrido estuvo acompañado por una oración ecuménica por la paz y la integración comunitaria, además de un festival artístico. La escena tuvo un componente simbólico: caminar juntos detrás de una consigna que, para el mundo franciscano, no se redujo a una expresión religiosa, sino que se vinculó con la convivencia, el encuentro y la responsabilidad frente al otro.

La propuesta adquirió una dimensión particular en Santiago del Estero, donde la presencia franciscana forma parte de una historia religiosa y comunitaria que se extendió durante generaciones. En ese contexto, la celebración de los 800 años de la Pascua de San Francisco permitió recuperar una pregunta que atravesó las distintas actividades: qué significa hoy hablar de pobreza, fraternidad, servicio y paz cuando esas palabras deben enfrentarse con las situaciones concretas de la vida cotidiana.

 

Una celebración que puso en escena el compromiso social

Por la tarde, el eje de la jornada se trasladó al Teatro del Pueblo, ubicado en el Parque Oeste de la ciudad Capital. Desde las 19 se realizó el acto central de la 10ª edición de los Premios Francisco, una ceremonia que reconoció a personas e instituciones por tareas vinculadas con la educación, la primera infancia, la solidaridad, la evangelización y el acompañamiento social.

Los homenajeados representaron distintas formas de ese compromiso. Entre ellos estuvieron la licenciada Josefina Moratore, directora de Educación de los Jardines Municipales de la ciudad Capital; la Hermana Carolina del Cerro S.C., de la Orden de las Clarisas; la ONG Sonrisas y Acciones Solidarias; Fundación Sí; la Hermana Valle Esgoifo, de la Orden Franciscana Seglar; y la Madre Nora Huertas, de las Hermanas Terciarias Franciscanas de la Caridad.

Detrás de cada reconocimiento apareció una realidad diferente. La educación de niños y jóvenes, el acompañamiento de personas que atraviesan tratamientos oncológicos, el acceso a estudios superiores, la evangelización y el trabajo comunitario fueron presentados como expresiones actuales de valores que el franciscanismo sostiene desde hace siglos.

Así, los Premios Francisco no quedaron únicamente asociados a nombres propios. También funcionaron como una fotografía de aquellas tareas que muchas veces permanecen lejos de los grandes escenarios: personas que acompañan, instituciones que sostienen, comunidades que contienen y trabajadores que desarrollan su labor cotidiana sin ocupar necesariamente el centro de la escena.

El legado de Francisco, ocho siglos después

La conmemoración tuvo como marco el Jubileo Franciscano por los 800 años de la Pascua de San Francisco de Asís. Ocho siglos después de su muerte, su figura continúa siendo recuperada desde distintos ámbitos religiosos y sociales como referencia de una vida marcada por la austeridad, la fraternidad y el servicio.

En Santiago del Estero, esa memoria encontró una expresión concreta durante una jornada que unió caminata, oración, música, teatro y reconocimientos. La obra “Por siempre Francisco”, presentada durante el acto central, completó una propuesta que buscó acercar al público la dimensión humana y espiritual del santo de Asís.

Pero detrás de la celebración religiosa quedó también una lectura social. La paz que se pidió durante la caminata, la solidaridad representada por las organizaciones reconocidas y el trabajo educativo de los homenajeados plantearon una misma idea: el mensaje franciscano no permanece solamente en los templos ni en los símbolos religiosos. También se expresa allí donde una persona acompaña a otra, donde un niño encuentra una oportunidad, donde una familia recibe contención o donde una comunidad decide no permanecer indiferente.

 

Santiago del Estero y una tradición que permanece

La presencia franciscana en Santiago del Estero volvió a quedar expuesta como parte de una tradición religiosa que continúa teniendo impacto en la vida comunitaria. La décima edición de los Premios Francisco permitió observar esa continuidad desde una perspectiva diferente: no solamente desde la historia de una orden religiosa, sino desde las personas que actualmente llevan adelante acciones vinculadas con sus valores.

La jornada cerró con una combinación de fe, memoria y compromiso social. A 800 años de la Pascua de San Francisco de Asís, la celebración mostró que algunas figuras históricas sobreviven no solamente por lo que representan, sino por la capacidad de sus mensajes para seguir interpelando el presente.

En Santiago del Estero, Francisco volvió a caminar simbólicamente entre la gente. Y lo hizo acompañado por una comunidad que, entre la oración y el reconocimiento, volvió a poner en discusión una idea tan antigua como vigente: que la fraternidad, la paz y el servicio adquieren verdadero sentido cuando dejan de ser palabras y se convierten en acciones.

 

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