La "ley de animales Reichardt" se refiere en realidad al proyecto de ley presentado en Argentina por la diputada Karen Reichardt para regular criaderos y refugios de animales de compañía. De allí se desprendió un debate nacional.
La propuesta genera un fuerte debate entre sectores que buscan ordenar legalmente la actividad comercial y proteccionistas que rechazan la cría y venta de mascotas.
Entre los puntos clave del proyecto se encuentran: La necesidad de crear un Registro Nacional (RNEAC): un padrón obligatorio para criaderos, refugios y pensionados.
Tener en cuenta que los animales son seres sintientes: reconoce legalmente a los animales de compañía como seres que perciben, y fija pautas de bienestar.
Y, por último, el control comercial: permite y reglamenta la cría y venta legal bajo normas sanitarias, prohibiendo la oferta clandestina y la venta por internet sin habilitación. Rechazo proteccionista: Diversas organizaciones y activistas se oponen porque consideran que legitima el negocio con seres vivos en lugar de prohibirlo.
El mensaje choca con la realidad
Si nos detenemos a observar el comportamiento de los seres humanos con respecto a los animales, nos daremos cuenta de que hay mucha hipocresía en tal sentido. Siempre me resultó un contrasentido, participar del “matadero” de las vacas, comer carne y acariciar un perro.
En un sentido más amplio, uno participa de las crueles actividades de lo que ocurre dentro de un frigorífico, terminando con la historia que es en el momento en que la carne llega al plato. Pero eso ya sería hilar muy fino. Se trata de la alimentación y de la cadena en que el ser superior fagocita al inferior.
Paul Mc Cartney, el legendario integrante de The Beatles, dijo una frase lapidaria y cierta: "Si los mataderos tuvieran paredes de cristal, todos seríamos vegetarianos".
Al unirse a PETA (siglas en inglés de Personas por el Trato Ético de los Animales) para producir el impactante video titulado "Muros de Cristal", Sir Paul contribuye a visibilizar el terrible maltrato animal que las industrias cárnica y láctea infligen a los animales para ofrecer a los consumidores hamburguesas, nuggets y otros productos baratos. También explica el enorme impacto ambiental del que la industria cárnica es directamente responsable.

Y uno, si ama a los animales, no sólo ama a un perro, ama a toda la especie animal. Y en ese punto es en el que destaco la hipocresía (el doble discurso) o el discurso conveniente a cada circunstancia.
Es verdad que las personas que aman a los animales, en general, no tienen buena relación con las personas. O para decirlo de un modo más justo, prefieren el trato con animales (perros y gatos, principalmente) a un vecino, por caso.
Hace poco hubo un fuerte intercambio de opiniones entre la diputada mentora del proyecto y la asesora de imagen Matilda Blanco.
Esta última, reconocida por defenestrar gente por su apariencia, disfrazada (dicha actitud) de simple observación de moda. Pero he visto, en muchas oportunidades, referirse a gente a la que debía criticar, hacerlo con desprecio y desdén.
Siguiendo con la línea de la hipocresía: ¿hay o no hay gente que comercializa animales? Hay miles de criaderos clandestinos. Se hacen de buen dinero, haciendo aparear razas de perros de categoría distinguida.
Hay en este comercio, razas y tipos de perros muy apreciados y que se cotizan fuertemente en el mercado negro.
Y ocurre, no podemos negarlo porque ocurre.

Sin ánimo de defender a ninguna postura en particular, el discurso de muchos proteccionistas es contradictorio. Atacan a la diputada por su ideología y, como todo lo que ocurre, lamentablemente, en este país de los últimos años, es grieta y es una sociedad partida al medio, aunque el tema sea, un animal.
El “otro” proteccionismo
Detrás de cada plato de carne hay un ser vivo que sintió miedo, dolor y deseo de seguir viviendo. Los animales considerados "comestibles" no son diferentes, en su capacidad de sufrir, de un perro o un gato: forman vínculos, buscan protección, sienten estrés y experimentan sufrimiento cuando son separados de sus crías, transportados en condiciones inadecuadas o sometidos al sacrificio.
Durante mucho tiempo, la humanidad ha normalizado esta realidad por razones culturales, económicas y alimentarias. Sin embargo, cada vez más personas se preguntan si es posible reducir ese sufrimiento mediante un consumo más consciente, mejores condiciones de crianza o eligiendo alternativas de origen vegetal cuando sea posible.
Reflexionar sobre el sufrimiento de los animales no implica necesariamente juzgar a quienes consumen carne, sino reconocer que cada vida tiene un valor y que nuestras decisiones tienen consecuencias. La compasión comienza cuando somos capaces de mirar más allá de nuestras costumbres y reconocer que el dolor no distingue especies.