24 de septiembre, 2026
Nota de Portada

Un locutor y animador de fiestas infantiles fue condenado por grooming y corrupción de menores. La historia de José Tula, quien aprovechó su perfil público para contactarse con niños y adolescentes, pidiéndoles “favores sexuales”. Siete años después de la denuncia, la justicia acreditó su culpabilidad.

Diciembre de 2015. Fiesta de egreso de 7º grado de un reconocido colegio bandeño, en un hermoso salón de La Banda. Los agasajados, niños de 11 y 12 años, sólo querían bailar, reír, jugar y divertirse con sus compañeritos de primaria. Se terminaba un camino que recorrieron juntos desde el jardín de infantes. La noche soñada había sido posible gracias a las mamás y papás que trabajaron denodadamente para que sus hijos compartieran con alegría una fiesta de despedida. Para la coordinación del evento contrataron los servicios de uno de los más reconocidos animadores y locutores bandeños, quien les aseguró que todo saldría perfecto. Y así fue, los menores y sus familias recordarían por siempre esa noche, sobre todo por la chispa y el carisma que el animador le impregnaba a cada momento. El resultado fue una noche mágica.
Días después, los papás y los niños agradecieron al animador a través de Facebook, la red social que el hombre tenía en ese momento para promover sus eventos. De inmediato, él envió solicitudes de amistad a todos los pequeños, quienes no dudaron en aceptar como “amigo”, pues lo conocían o, al menos, eso creían.
Cada uno de los niños fue creciendo, tomando diferentes caminos, algunos juntos, otros se perdieron el rastro. Con la evolución de la tecnología y las redes sociales, muchos fueron dejando de lado Facebook y se volcaron de lleno a Twitter (ahora X) e Instagram, que se convirtieron en las redes favoritas de los más chicos. Sin embargo, nunca se apartaron del todo de “Face”. 
Así fue como una de aquellas nenas, ya convertida en una adolescente que estrenaba sus 15 años, recibió un mensaje de aquel animador. No le llamó la atención, pues el hombre le decía que estaba hermosa. Ella lo consideraba un inocente halago, tal como el que le hacían sus familiares, o los amigos de sus padres. Pero se equivocó.
La próxima vez que ingresó en Face encontró una catarata de mensajes privados del locutor, a los que ella comenzó a responder sin ningún tipo de desconfianza. Lo consideraba normal. “¿Cómo estás? ¿Dónde estudias? ¿Practicas deportes? ¿Qué haces de tu vida? ¿Aun te ves con tus compañeros?”, eran preguntas que ella consideró normales, y las contestó al instante, sin imaginar que serían el principio de un acoso virtual.
Los mensajes fueron subiendo de tono y despertando cierto resquemor en la jovencita. El animador le preguntaba sobre su vida íntima, si tenía novio o si mantenía con ellos relaciones sexuales. Cuando la menor le pidió que no la moleste, el hombre le dijo que no temiera, que él podía ser su papá. Sin embargo, él comenzó a mandarle videos con alto contenido sexual, primero eran videos de terceros, luego se mostraba a sí mismo autoexcitándose, o mostrando sus partes íntimas. Le rogaba que se encontraran, que quería verla, que siempre había estado enamorada de ella.
La obsesión del locutor con la menor llegó a un extremo en el que ella se dio cuenta que él la estaba siguiendo. Es que no había otro modo que él supiera que estaba en determinado lugar, vestida de tal manera, charlando con tal o cual amigo, si no la hubiese seguido. Fue entonces cuando decidió hablar, pedir ayuda.
Con toda la vergüenza del mundo, pero con la seguridad que sólo su familia podría ayudarla, avisó a sus papás lo que estaba sucediendo, les mostró los chat, vieron las imágenes y videos que el locutor le enviaba. No podían creer lo que estaba pasando. No lo dudaron un instante, la única salida era denunciar al animador.

DETENCIÓN
La denuncia de ese papá fue el disparador para que la Unidad de Delitos contra la Integridad Sexual actuara de inmediato. De tal modo, la fiscal Alicia Falcione, ordenó una serie de medidas para determinar el modo en que ocurrieron los hechos y, al mismo tiempo, preservar las pruebas, por lo cual dispuso el peritaje del teléfono de la menor. Con lo cual, el Gabinete de Ciencias Forenses del Ministerio Público Fiscal encontró elementos más que evidentes, como las fotografías íntimas y los videos sexuales que el animador enviaba a la menor. Por ello, la fiscal pidió la colaboración de la División Ciberseguridad y de la División Inteligencia Criminal de la Policía para investigar a fondo la denuncia.
Una vez que la fiscal tomó conocimiento de todos los elementos de prueba encontrados por los efectivos, pidió la detención del locutor y animador, y el allanamiento de su vivienda, solicitudes que fueron confirmadas por la jueza de Control y Garantías, Roxana Menini.
De ese modo, el sábado 12 de octubre de 2019, un año después que comenzaron los mensajes, José Manuel Tula fue detenido, acusado de los delitos de Grooming y corrupción de menores en concurso real de delitos, dicha tarea que fue llevada a cabo luego de que los efectivos realizaran tareas investigativas, la cual consistió en el análisis de los datos aportados por la víctima y en el uso de diferentes tecnologías y técnicas de investigación digital.
Del informe policial se resalta que José Tula “es considerado por los investigadores como una amenaza para niños y adolescentes que hacen uso de redes sociales sin supervisión, ni las medidas de seguridad necesarias, en virtud que esta persona en particular, trabajaba como locutor de TV y radio, como así también haciendo animaciones en fiestas de egresos y otros eventos públicos”.
Razón por la que “fue prioridad evitar futuras víctimas mediante una minuciosa investigación coordinada por la unidad fiscal interviniente, quedando alojado en calidad de detenido a disposición de la justicia”.

GROOMING
El grooming puede catalogarse como todo acoso cometido por un adulto sobre un menor de edad, buscando obtener imágenes o contenido que pueda utilizarse con fines eróticos y pornográficos. 
En la mayoría de los casos, los abusadores sostenidos por el anonimato de las redes, utilizan identidades falsas, establecen el contacto con él o la menor, y sostienen el vínculo durante un lapso de tiempo, buscando entrar en confianza. Se crea un lazo de dependencia entre el abusador y el niño, donde la voluntad del menor de edad se encuentra atada a los deseos de quien está del otro lado de la pantalla. 
La cantidad de delitos de este tipo en Santiago del Estero es alarmante. Los especialistas en ciberdelitos de la policía provincial explicaron la forma en la que hay que actuar frente al conocimiento o sospecha de un menor que esté sufriendo este tipo de delitos. 
“Es imperativo resguardar el contenido de los celulares o las computadoras implicadas, para utilizarlos a efecto de prueba frente a los juzgados. Otra forma de resguardar es hacer una impresión o capturas de pantalla de todos los mensajes y guardarlos en otro dispositivo”, comentó en su momento la oficial María José Toloza.
Los efectivos de la fuerza de Ciberdelitos advirtieron que, una vez identificado el perfil desde donde agreden al joven o niño, no hay que avisarle que será denunciado. Caso contrario, el acosador puede borrar sus rastros al verse descubierto, o la misma red social que le sirve de plataforma puede borrar su cuenta, volviendo mucho más difícil ubicar al autor de los hechos. 
“Es necesario denunciar de forma inmediata a un ente judicial o policial, para iniciar la causa y buscar repercusiones legales frente al agresor”, explicó.

PASADO DE EXCESOS
Mientras la noticia de la detención de José Tula corrió como reguero de pólvora entre sus colegas y aquellos que habían contratado sus servicios de animación y locución, comenzó a hilvanarse la historia del hombre en cuestión y, de a poco, a armarse un rompecabezas que lo tenía como protagonista.
En el momento de su detención, José Manuel Tula tenía 46 años. Hasta 2010 había vivido en Buenos Aires, donde habría tenido serios problemas de exceso con sustancias prohibidas y alcohol. Como la situación estaba llegando a un punto límite, su mamá, que residía en la ciudad de La Banda, decidió que debía tomar cartas en el asunto. Sus opciones eran internarlo en alguna clínica de rehabilitación o traerlo a Santiago, para tratar de torcer su camino en la adicción. 
Luego de una internación en la que Tula habría superado sus adicciones, su mamá habló con un amigo de su hijo, también locutor y animador, y le rogó que lo ayudara. Este hombre no lo dudó, le dio trabajo y lo introdujo en el mundo de la animación de fiestas. Le enseñó cómo moverse y cómo actuar. Convencido de su recuperación, le enseñó todos los gajes del oficio y lo apadrinó en sus primeros trabajos, y luego lo tuvo como socio en distintos eventos.
Fue así que Tula fue adquiriendo presencia en el mercado de las fiestas y ganando espacios. Así armó su propia empresa de animaciones, llamada “Submarino Amarillo”, a través de la cual comenzó a liderar el ramo entre los bandeños, especialmente en la conducción de eventos de jardines de infantes, fiestas infantiles, egreso de primaria y cumpleaños de niños y quinceañeras. 
Es más, la Municipalidad de La Banda lo contrató en reiteradas oportunidades para animar distintos eventos de la comuna, como los festejos del Día del Niño en la Plaza Belgrano y en el Club Sarmiento, donde se congregaban miles de niños.
Las huellas de sus excesos parecían haber quedado atrás; sin embargo, habría dejado el programa de radio que conducía junto a ese amigo que lo ayudó, a causa del retorno a sus adicciones.

SIEMPRE EN LA MIRA
Era normal ver a José Tula en los mejores eventos de La Banda. Sin embargo, de un día para el otro, fue dejado de lado. Nadie entendía por qué, salvo unos pocos allegados que no podían dar crédito a lo que les contaban. 
Tula habría traicionado la confianza de aquel amigo que lo ayudó y lo guió, acosando a su hija de 14 años. Sí, a la hija de su amigo también la acosaba a través de mensajes privados por las redes sociales. El modus operandi sería similar al relato de la adolescente por cuya denuncia fue arrestado.
Cuando esta noticia se hizo conocida entre sus pares bandeños, los dueños de reconocidos locales de fiesta de la vecina ciudad comenzaron a interrogar a sus hijas, para saber si ellas habían pasado situaciones parecidas. Para sorpresa de muchos, varias de esas menores habrían dicho que Tula las acechó de alguna manera, diciéndoles palabras subidas de tono. Aunque algunos de sus colegas no creían en las acusaciones en su contra, nunca volvieron a dejar a sus hijas cerca de Tula. 
Así, se le fueron cerrando todas las puertas de eventuales trabajos en La Banda. Sin embargo, habría continuado trabajando en los eventos infantiles organizados por la comuna bandeña, una situación que llamaba la atención entre los animadores, pues las acusaciones eran ya vox populi.
Como ya no tenía cabida en el mercado bandeño, Tula continuó trabajando en un reconocido salón de fiestas de la calle Independencia, entre Saavedra y Puyerredón, de la capital santiagueña, el mismo salón que estuvo clausurado por un problema de drogas que tuvo uno de sus dueños. Es más, se llegó a decir que el salón era una pantalla del locutor para tapar sus adicciones.

“EMPIEZA COMO UN JUEGO”
El “grooming” es un delito penal en Argentina. El exdirector nacional de Investigaciones sobre Ciberdelito del Ministerio de Seguridad de la Nación, Ing. Pablo Lázaro, lo definió como “el hecho de que un mayor afecte a un menor con fines sexuales, a través de internet o cualquier medio tecnológico, sea el teléfono, Facebook, Instagram, Twitter…”.
“Normalmente empieza como un juego. El atacante simula ser alguien de la edad del niño o adolescente. Establece una relación, empieza a pedir fotos y con ellas termina extorsionándolo para distintas cuestiones. Muchas veces termina en un abuso sexual real, otras veces esas fotos son vendidas a sitios que, lamentablemente se dedican a eso: a comprar y vender fotos de menores, mal llamadas pornografía infantil que sería abuso sexual en imágenes”, describió.
En la actualidad, su recurrencia es alarmante y está en crecimiento. “En Argentina, lamentablemente, hay muchísimos casos. De hecho, hay una enorme cantidad de alertas que recibimos del resto del mundo sobre el tráfico de imágenes de abuso sexual infantil. Hay un promedio de 300 por semana. El top cinco de estos alertas lo tiene Buenos Aires por la accesibilidad a internet, pero también porque los mayores que salen a cazar, por decirlo de alguna manera y por la cantidad de población, pero en realidad, si uno ve el mapa está lleno de puntitos, lamentablemente”, añadió.
Lázaro sostuvo que, si bien el Grooming está penado por la ley 26.904, que tiene castigos que van desde los 6 meses a los 4 años de prisión, esta norma tiene dos grandes fallas. 
La primera es que “se establece que es delito cuando un mayor intenta abusar o acosa a un menor, esto quiere decir que, cuando esto se da entre un chico de 17 o 18 con una nena de 5, no es grooming porque él no es mayor. Señores de 60 con chicas de 18, no es grooming, porque ella no es menor”.
La segunda falla tiene que ver con que es considerado “un delito ordinario”. O sea, “es un delito local y eso está bien en un delito de abuso,  porque el policía local conoce la zona, pero en el caso de internet, el fenómeno puede estar atacando a infinidad de menores en el país. Y si no hay algo que centralice, de ahí el concepto de federal, de que esa persona está siendo investigada en todo el país, sucede mucho que un delincuente tiene 24 causas, es decir, tantas como provincias porque no hay algo que centralice”, explicó.

PRESO EN PANDEMIA
Un par de días después de su detención, la fiscal Alicia Falcione le tomó la declaración de imputado a José Tula, quien, en presencia de su abogado defensor, se abstuvo de declarar.
Después vino la Cámara Gesell a la víctima, las testimoniales, las evaluaciones psicológicas, tanto a la menor como a Tula, y también las pericias a los dispositivos secuestrados en el allanamiento, las cuales están a cargo del Gabinete de Ciencias Forenses del Ministerio Público Fiscal.
Durante la pandemia, a través de una audiencia virtual, la Unidad de Delitos Contra la Integridad Sexual -coordinada por la Dra. Falcione, solicitó la prórroga de la prisión preventiva.
En aquel momento, la fiscal solicitó a la jueza de Control y Garantías que el imputado siguiera tras las rejas ya que existían elementos que lo sindicaban como el autor de los delitos que se le imputaban.
La Dra. Falcione no solo dejó expuestas todas las evidencias que existían en contra de Tula, sino que indicó que existían riesgos procesales tales como el peligro de fuga, ya que el acusado era oriundo de Buenos Aires y no tenía domicilio fijo en la provincia. 
Por su parte, la defensora oficial del animador, Dra. Milagros De Luca, se opuso a la medida, solicitó un cambio de calificativa entiendo que debía excluirse la figura de la corrupción de menores, quedando solo imputado por grooming, un delito excarcelable. Basado en ello pidió la excarcelación del locutor o en subsidio el arresto domiciliario, entendiendo que su cliente padece de diabetes y por estar en el grupo de riesgos de las personas propensas a contraer el Covid-19 debía permanecer en su casa.
Frente a ello, la jueza Roxana Menini rechazó los pedidos de la defensa y concedió la prórroga de la prisión preventiva hasta tanto la causa sea enviada a juicio oral.
Tula permaneció con prisión preventiva durante más de dos años, hasta 2021, cuando recuperó su libertad.

CONDENADO
Finalmente, el viernes 18 de septiembre de 2026, el Ministerio Público Fiscal, representado por la fiscal Dra. Cecilia Gómez Castañeda, arribó a un acuerdo de juicio abreviado mediante el cual Tula fue condenado a tres años de prisión de cumplimiento efectivo, por los delitos de grooming y corrupción de menores en perjuicio de una adolescente.
Según se acreditó durante el proceso judicial, Tula utilizó redes sociales y mensajería instantánea para entablar contacto y enviar material de contenido sexual a la menor entre los años 2017 y 2019.
Durante la audiencia de juicio abreviado, las partes expusieron el acuerdo alcanzado, y el tribunal unipersonal de Juicio Oral, a cargo del Dr. Julio Carmelo Vidal, dictó sentencia y condenó al hombre a la pena de tres años de prisión efectiva.
De este modo, el animador de fiestas infantiles quedó detenido para cumplir su condena, que será de un poco más de seis meses en prisión, pues se le computa el tiempo que ya estuvo tras las rejas.

Aunque en el momento en que se desató el escándalo fueron muchas menores las que dijeron haber sido víctimas del animador, sólo una de ellas realizó la correspondiente denuncia penal. Pasaron siete años para que la justicia condenara a José Tula a tres años de prisión de cumplimiento efectivo, por los delitos de grooming y corrupción de menores en concurso real de delitos. Sin embargo, como ya estuvo en prisión más de dos años, solo quedan un par de meses de encierro para cumplir su pena. 
¿Quedará en Santiago o volverá a Buenos Aires? ¿Continuará con su actividad al frente de fiestas infantiles? Por ahora, su futuro es incierto.

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