Como se sabe, el “café concert" [1] apareció en Francia y se expandió por América Latina entre los años 60/70 a manera de una novedad atractiva, en donde convivían artistas y público juntos, tal una especie de actuación teatral, en el ámbito de un café, con música propia e invitados especiales.
Era una novedad que rompía barreras: artistas y público compartiendo el mismo espacio, como en una actuación teatral improvisada dentro de un café, con música original, invitados sorpresa y un diálogo constante que convertía al espectador, en protagonista.
Aquí, en Santiago del Estero, a mediados de los setenta decidimos con Antenor Ferreyra [2] incursionar en esa novedad, en un nuevo boliche de la época llamado La Jaula [3], donde se había inaugurado la primera pista lumínica, una especie de tarima con base de luces multicolores que fluctuaban al ritmo de la música.
En esos años éramos estudiantes universitarios veinteañeros, Ferreyra y yo [4], sin ninguna otra intención que no fuera experimentar la aventura, aceptamos la propuesta generosa del amigo Jhony Dieguez [5] y salimos a escena.
Solo teníamos como escenario la pista luminosa con el marco de lo que fue el sonido estable, una banda improvisada que conformaban destacados músicos locales como Miguel Ángel Statelo, en guitarra y teclados, el bajo de Pocho Ditamo, la batería de Cacho Lora, entre otros, que actuaban previo a mi presentación.
Ahí desplegué mi actuación frente al público presente y lo hacía con micrófono inalámbrico en mano –una novedad para ese tiempo-, lo que me permitía recorrer el salón, tejiendo conexiones directas con el público.
Mi rol era encarnar el espíritu del café concert: elegir un tema de actualidad al azar e invitar a la interacción colectiva. Arrancaba diciendo algunos de los pocos poemas memorizados, acompañado por la banda, y abría la tarima a quien quisiera aportar su chispa artística. Así despuntó, desde muy joven, el consagrado músico Pedro Barbieri, un ejemplo vivo de cómo ese espacio nutrió talentos emergentes.
Desde la inauguración, hasta el último día de mi intervención, recuerdo que el espectáculo se desenvolvió a sala llena, con seguridad en la puerta de entrada. Mi participación pretendía mostrar un diseño propio de café concert, es decir proponer interactuar a los presentes, sobre diversos temas de actualidad, que, entre todos los presentes, escogíamos al azar.
DESFILE DE FIGURAS NUNCA IGUALADO EN EL MEDIO
Nuestro concert consistió en brindar la oportunidad a todos los que quisieran hacer conocer su arte, en especial a los numerosos jóvenes del medio, que nos pedían con anticipación una oportunidad para subir a escena. La calidad y cantidad de artistas que pusimos en escena constituye un logro cultural jamás superado en nuestro medio.
Digamos que construimos un faro democrático para el arte local, dando voz especialmente a los jóvenes que exhortaban un minuto en escena. La calidad y diversidad de participantes forjaron un logro cultural sin parangón en Santiago del Estero, un semillero que impulsó carreras y enriqueció el tejido social de la provincia.

La cartelera era un mosaico ecléctico, diseñado para sorprender cada noche:
Y así logramos la participación del grupo vocal Opus Cuatro [6], Los Trovadores [7]. Vox Dei [8], figuras de relieve nacional como María Vaner [9], Mabel Manzotti [10], el trovador Mario Candó, nuestro afamado “Fabuloso” Marcelo, Los Zombis [11], Frutilla [12].
En varias ocasiones presenté a los Músicos del Centro [13] y a nuestro amigo Litto Nebbia [14].
Hablamos del folclore provinciano varias veces, con Armando Tejada Gómez [15] y celebramos la poesía de Halmet Lima Quintana [16] y la filosofía del tucumano Gaspar Risco Fernández [17].
En retrospectiva, La Jaula no fue solo un boliche: fue un ecosistema cultural vivo, un crisol donde convergían géneros, generaciones y visiones. Conceptos como la interactividad performática (esa cercanía que borraba la cuarta pared) y el fomento de talentos emergentes (un modelo de incubadora artística) definieron su esencia.
Hoy, evocando esas noches luminosas, entiendo que en silencio y sin quererlo, sembramos semillas, que aún florecen en la escena santiagueña.
Fue efímero, pero eterno en la memoria colectiva.
Referencias
[1] En plena dictadura surge en Buenos Aires en lugares ocultos, conocidos como: Gallo Coco, Pollo erótico, y otros
[2] Aportó su larga experiencia y trayectoria como generador y productor de espectáculos y actividades culturales en el medio
[3] Confitería bailable situada en Avellaneda esq. independencia, primer piso del Gran Hotel Carlos V.
[4] Como escritor, ex director General de Cultura provincial, ex director del teatro 25 de mayo, ex secretario del NOA cultural.
[5] Propietario del local, generoso emprendedor de cosas culturales.
[6] (creado en La Plata en 1968 y activo hasta 2022),
[7] Rosarinos Nacieron como un desprendimiento de Los Trovadores del Norte luego de un conflicto por la propiedad del nombre en 1964
[8] Vox Dei fue una banda argentina de rock procedente de Quilmes, formada en 1967 y disuelta oficialmente 57 años más tarde una de las fundacionales del movimiento de rock argentino, y una de las pocas en haberse mantenido en actividad durante tanto tiempo. Su mentor Ricardo Soule presentó La Biblia y se quedaron una semana en Santiago.
[9] (23 de marzo de 1935/ 21 de julio de 2008) cónyuge de Leonardo Fabio;
[10] (28 de julio de 1938/ 25 de enero de 2012),
[11] Hugo Mansilla, Carlos Sánchez, Cacho Rigourd, Daniel Nassif, Kililo Alfano y Alejandro Bruhn Gauna,
[12] Banda Maragata con más de 50 años de trayectoria
[13] Banda de Córdoba: Mingui Ingaramo: guitarra Juan Carlos Ingaramo: teclados Oscar Feldman: saxo Horacio Ruiz Guiñazú: batería César Franov: bajo. logró prestigio cuando Litto Nebbia los elige como su banda soporte.
[14] Rosarino, considerado como uno de los fundadores del rock argentino
[15] poeta, letrista, escritor y locutor argentino, relacionado con la música folklórica. Incluido entre las cinco máximas figuras autorales del folklore argentino por la Fundación Konex. (1929-1992)
[16] poeta argentino, autor de más de cuatrocientas canciones, entre ellas la popular "Zamba para no morir" (1923-2002)
[17] Risco Fernández (1933-2021) realizó toda su formación en instituciones religiosas, licenciándose en teología y en filosofía por la Universidad de Salamanca. Indagó la tradición intelectual local y mantuvo las directrices del Concilio Vaticano II al que adhirió profundamente, al igual que un importante número de intelectuales y religiosos de América Latina.
Por Dr. Brevetta Rodríguez