01 de octubre, 2026
Actualidad

Con el aumento de las temperaturas, las plantas comienzan una etapa de mayor crecimiento, pero también aumentan las posibilidades de aparición de distintas plagas. El monitoreo, el cuidado del suelo y algunas medidas preventivas pueden ayudar a mantener los espacios verdes saludables y reducir la necesidad de utilizar productos químicos.

La llegada de la primavera modifica las condiciones de los jardines y huertas. El calor y el crecimiento de nuevos brotes favorecen el desarrollo de las plantas, pero también pueden generar un ambiente propicio para la aparición y reproducción de algunos insectos.
Entre los problemas habituales se encuentran los pulgones y las cochinillas algodonosas, que pueden instalarse principalmente en los brotes tiernos y en la parte inferior de las hojas. Por eso, una de las primeras recomendaciones es observar las plantas con frecuencia y detectar los cambios antes de que la presencia de estos insectos se convierta en una infestación.
Revisar las plantas permite identificar a tiempo hojas deformadas, amarillentas, brotes debilitados o la presencia de pequeños insectos adheridos a tallos y hojas. En el caso de los pulgones, una infestación importante puede provocar precisamente este tipo de alteraciones y afectar el crecimiento de la planta.
También es importante observar la cara inferior de las hojas, donde algunas plagas pueden pasar inadvertidas. La detección temprana permite utilizar métodos de control menos agresivos y, en algunos casos, evitar que sea necesario recurrir a insecticidas.
Mantener las plantas en buenas condiciones generales también forma parte de la prevención. Un suelo correctamente preparado, un riego adecuado y una ubicación acorde con las necesidades de cada especie permiten favorecer su crecimiento y reducir situaciones de estrés.

No todos los insectos deben eliminarse
La presencia de insectos no significa necesariamente que exista una plaga que deba ser combatida. Algunos cumplen funciones beneficiosas y actúan como enemigos naturales de otros insectos perjudiciales.
Por este motivo, antes de aplicar un producto es importante identificar qué organismo está afectando a la planta. Las guías de manejo de plagas recomiendan reconocer primero el problema y evitar tratamientos innecesarios, ya que algunos insecticidas también pueden afectar a insectos beneficiosos.
Cuando la presencia de una plaga requiere tratamiento, lo primero es identificar correctamente el problema y elegir un producto destinado específicamente para ese uso.
La etiqueta debe indicar cómo aplicar el producto, qué precauciones tomar y durante cuánto tiempo deben mantenerse alejados del área tratada los niños y las mascotas. También es fundamental utilizar la cantidad recomendada: aumentar la dosis no significa obtener mejores resultados y puede incrementar los riesgos para las personas, los animales y las plantas.
Los pesticidas, además, deben conservarse en su envase original y fuera del alcance de los niños. La EPA recomienda no trasladarlos a botellas, recipientes de alimentos o bebidas, ya que esto puede favorecer intoxicaciones accidentales.
En el caso de los pulgones, por ejemplo, existen opciones de control no químico y de bajo riesgo, y muchas infestaciones pueden ser manejadas sin recurrir directamente a productos de mayor impacto.
La presencia de estas plagas se relaciona con el deterioro de las plantas y no necesariamente presentan una amenaza directo para la salud. El riesgo puede estar en el cuidado y los productos que se utilizan para eliminarlas.
 Los pesticidas pueden generar riesgos para la salud dependiendo del producto, su toxicidad y el nivel de exposición. Una aplicación incorrecta puede provocar irritaciones, intoxicaciones u otros efectos adversos, por lo que no deben utilizarse en mayores cantidades de las indicadas ni de manera diferente a la establecida por el fabricante.
También existen medidas simples para reducir las plagas.Además del monitoreo frecuente, existen medidas que permiten disminuir las condiciones que favorecen la aparición de plagas. Retirar hojas o partes de la planta muy afectadas, mantener limpio el espacio y evitar acumulaciones innecesarias de restos vegetales son algunas de ellas.
También puede utilizarse una cobertura orgánica alrededor de las plantas. Se recomienda una capa de entre cinco y diez centímetros de materiales como hojas, césped seco, chips de madera o compost, una práctica que ayuda a conservar la humedad del suelo, reducir el crecimiento de malezas y proteger las raíces frente a los cambios de temperatura.

Compartir: