La llamada leyenda negra construyó una imagen de España como potencia exclusivamente destructora, soslayando aspectos esenciales de su presencia americana. Esto no significa negar la violencia de la conquista, los abusos de los encomenderos, la explotación del trabajo indígena ni la catástrofe demográfica provocada por las epidemias, las guerras y las condiciones de sometimiento. Significa, sencillamente, que los hechos deben examinarse sin prejuicios ni generalizaciones.
Tampoco resulta correcto trasladar mecánicamente al siglo XVI las categorías jurídicas contemporáneas, dentro de una dimensión frecuentemente olvidada, España produjo, dentro de su propia tradición intelectual, algunas de las críticas más tempranas a los abusos coloniales.
Bartolomé de las Casas denunció la crueldad contra los pueblos originarios, mientras Francisco de Vitoria cuestionó los fundamentos jurídicos de la conquista y reflexionó sobre los derechos de los indígenas. Sus planteos no eliminaron las injusticias, pero demuestran que la conciencia crítica también nació dentro de aquella sociedad.
La fundación de universidades, hospitales y otras instituciones educativas y asistenciales dejó una huella profunda en América. San Marcos de Lima, la Universidad de México y la de Córdoba en nuestro territorio son ejemplos de una tradición académica que contribuyó a la formación cultural del continente.
Nada de ello absuelve los atropellos; sí obliga a reconocer que la herencia española fue mucho más amplia que la violencia que acompañó la conquista.

Por otra parte, las sociedades precolombinas tampoco constituían un mundo idílico, ajeno a las guerras, la dominación y los sacrificios humanos. Algunos pueblos sometieron a otros y protagonizaron episodios de violencia extrema. Reconocerlo no implica condenar colectivamente a los indígenas, del mismo modo que los abusos de los conquistadores no justifican una condena indiscriminada de España.
El 12 de octubre merece una mirada más madura,no necesitamos una leyenda dorada que oculte las sombras ni una leyenda negra que niegue las contribuciones históricas. La historia no se honra cuando se la acomoda a nuestras preferencias, sino cuando se la enfrenta con honestidad.
América es el resultado de encuentros, conflictos, mestizajes y transformaciones que dieron origen a sociedades nuevas, comprender esa herencia, con sus contradicciones y sus aportes, es una manera más digna de recordar nuestro pasado y de construir nuestro futuro.