24 de septiembre, 2026
Entrevistas

Rodrigo Lussich es un periodista de espectáculos que conduce de modo muy especial las riendas del icónico programa de chimentos “Intrusos”. Desde su Uruguay natal hasta el lugar que se ha sabido conseguir, como personaje de abstrusa definición, su personalidad es de tan amplio espectro que no se lo puede encasillar. Y su mismo modo de ser resistiría que se lo encasillara en tal o cual mote. Se podría decir que Lussich es un artista, de ideas progresistas, de inquietudes diversas y un sagitariano de pura cepa que busca la libertad, subiendo sus reideros y ya clásicos “escandalones”.

Al borde de una etapa de su carrera, Rodrigo le cuenta a LA COLUMNA, cómo se presenta su futuro.

 

L.C.: Rodrigo, siempre te defines como de mal carácter. Pero en la pantalla sos otro. Eso da cuenta de tus dotes de buen actor. Ya lo estás haciendo con Acelerado, ¿vas haciendo el camino definitivo a las tablas?

R.L.: No sé si me defino de mal carácter. Sí, soy menos movedizo e histriónico de lo que se ve en televisión. Mi paso por las tablas es definitivo en tanto y en cuanto quiero seguir haciendo humor, comicidad, stand up y tal vez humor político, pero en paralelo a mi trabajo como conductor, o mi trabajo en televisión, pero la verdad es que me gusta mucho hacer lo que hago y quiero seguir creciendo en el género de la comedia, el monólogo, que está arrancando muy bien… es un camino que recién empieza.

 

L.C.: - Alguna vez te escuché en dos anécdotas tuyas que me impactaron y dan cuenta de que tienes buen corazón tras ese aparente duro.  La de tu abuela, que te daba un espacio de orden en tu infancia, con la “leche templada”. La otra, la de tus lágrimas en la torre Eiffel.  ¿Puedes recrear ambos episodios de tu vida? Como sientas hacerlo.

R.L.: En mi infancia tuve muchas cosas porque fue muy andariega, muy trotamundos. Por un lado, con mis padres que tenían un movimiento hippie en su forma de ser y, por otro lado, en el lugar donde yo encontraba un espacio de contención era en la casa de mis abuelos, porque ahí tenía algunas seguridades, propias de un chico que también las necesita.

Si bien yo no despotrico contra nada y no cambiaría nada de mi infancia, por supuesto que la presencia de mi abuela, mi abuelo, me contenían mucho en medio de tanto torbellino.

Las lágrimas en la torre Eiffel fueron muy sinceras y emotivas y genuinas, porque el día que conocí París y estuve frente a la Torre Eiffel me pareció que fue por mi trabajo, por mi esfuerzo, por un montón de cosas había logrado llegar allí, que no estaba en mis planes ni en mis sueños ni ninguna de las personas de mi familia lo pudo conseguir, y era una mezcla de que me hubiera gustado que estuvieran todos mis seres queridos. Yo ya había conocido Nueva York o el Times Square pero el impacto de la Torre Eiffel me emocionó mucho. De verdad.

 

L.C.:  Ronda la idea del periodismo político. Rial dijo que C5N está interesado… ¿vos estás interesado?

R.L.:  La verdad es que estoy en un momento de negociaciones, de charlas, de escuchar propuestas, que van desde la posibilidad de quedarme en Intrusos hasta hacer algo de periodismo político o el humor político, así que es un poco pronto para tener definiciones, porque estamos en septiembre y cualquier cambio va a ser después de fin de año, así que estos meses serán de charlas y de negociaciones y no estoy ahora en condiciones de confirmar nada, así que estamos en pleno proceso de charlas, así que todos los escenarios son posibles.

L.C.: ¿A quién no perdonas de la farándula por alguna afrenta? Percibo, puede ser equivocadamente, que a Pergolini no. Y a cierta élite social que pertenece al universo de famosos también le demuestras reparos. ¿Estoy equivocada?

R.L.: No, no tengo a nadie de la farándula a quien no le perdone alguna afrenta. Las afrentas mediáticas son papel picado, en el sentido de que tiene que ver con el show. Con nada que me toque a nivel personal. He tenido cruces, enfrentamientos, pero nada que me molestara demasiado. Tuve un cruce con Mariano Martínez, creo que él se manejó mal. Yo le pedí disculpas a él, él a mí no.  Esto me parece que habla de él. Tampoco lo considero una afrenta, es un mal momento.

Yo trato de escaparle a ese tipo de temas porque a mí no me sale un lado muy ameno. A mí me gusta reaccionar desde el lado del humor, no quiero ir por ese lugar en este momento de mi carrera. Pero no tengo una deuda pendiente con nadie ni a nadie a quien no tenga que perdonarle.

Pergolini fue un ida y vuelta que creo que él tomó para un lado que no era, que él expuso para que me castigaran las redes, con la idea de que yo me había metido con su cuerpo, pero para nada fue así. Yo me refería a otra situación, pero él la interpretó de la manera que más le servía, pero tampoco lo siento como una afrenta de su parte. No creo que me invite nunca a su programa, no creo que coincidamos en ese sentido, pero yo lo respeto y lo considero un genio en lo que hace.

 

L.C.: Eso me lleva a pensar en cómo te tomas el hecho de que muchos te definen como peronista, (con lo de cuestiones de equidad social se trata) ¿cómo tomas ese mote que algunos te impusieron?

R.L. Yo le escapo a las etiquetas. He luchado toda la vida contra eso. He tenido cruces y enfrentamientos, pero nada que me moleste demasiado. Las etiquetas que tienen que ver con lo sexual o con mi manera de ser, con el hecho de ser chimentero, o con el hecho de tal o cual manera, y con la política me pasa lo mismo.

Yo me considero un humorista, un comediante que hace una crítica desde el humor, no me molesta que me digan esto o aquello y no por quitarme el sayo de nada. Pero claramente no me gusta el gobierno de Milei, no me gusta su gobierno, no me gusta su política, y después tengo cosas que me gustan y cosas que no me gustan.

Siempre, entre el progresismo y la derecha, voy a elegir el progresismo. Y, por supuesto, la doctrina peronista me identifica. Ahora, los motes de kirchnerista o peronista corresponden a quienes los dicen. Trato de no aplicarlos a nada de mi vida. En general, necesitamos etiquetar porque eso nos deja tranquilos. En todo caso, eso es más problema del que lo hace que de quien lo recibe

 

L.C.: ¿Crees que vas a extrañar algo de los chimentos o cuando dices ciclo cumplido estás hablando de un salto cuántico e irreversible?

R.L.: Vamos a ver qué pasa con el chimento. Yo siempre digo que Intrusos va a ser el último programa que yo voy a hacer. No significa que este vaya a ser mi último año. Estoy en plena charla y negociación. Todas las posibilidades están dadas. Las cosas que se han publicado sobre que voy a ir aquí o allá o que voy a hacer esto o aquello no son ciertas en el sentido de que no hay nada definido. Entonces sería adelantarse. Por cierto que, cuando pase el chimento, habrá un duelo. Es un género que yo aprendí a hacerlo a mi gusto, con mi manera de contarlo y son veinte años. Logré conquistar a un público con mi manera de contarlo y son veinte años haciéndolo, pero creo que en algún momento tendré que cerrar un ciclo, pero no creo que esté dicha la última palabra.

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